"La historia de las guerras
es la historia de la humanidad."
Los 10 más grandes errores de Hitler (que le hicieron perder la guerra)

Por Jim Lacey. Traducción e ilustraciones de Ignacio Romero.

Los éxitos iniciales del Nacional Socialismo pusieron a Hitler al mando del III Reich, pero sus errores rápidamente cambiaron la marea contra Alemania, el Reich de los 1000 años sólo viviría poco más de 12.

Al apartar a sus altos oficiales y alcanzar éxito tras éxito en los años 30´s, camino a la Segunda Guerra Mundial, Adolfo Hitler llegó a ser considerado, y considerarse a sí mismo como un genio militar. Wilhelm Keitel le llamó GROFAZ Größter Feldherr aller Zeiten(El comandante más grande de todos los tiempos). Él fue la mente maestra de la marcha hacia el Rin en 1936, la anexión de Austria dos años después, la subsecuente anexión y desmembramiento de Checoslovaquia y la invasión de Polonia en 1939. La aparente invencibilidad política, militar y diplomática de Hitler le alimentó de una convicción que le haría creerse un mesías.

Al reservarse el derecho de disponer de unidades en el campo de batalla, no permitiendo el mando directo de aquellos que combatían, logró apoyar a la causa aliada y acelerar su caída. Un libro podría ser escrito con todos los errores militares que cometió, sólo se mencionarán algunos de los más importantes.




*Declarar la guerra a los Estados Unidos*

El 8 de diciembre de 1941, el presidente Franklin Delano Roosevelt habló ante el congreso y pidió declarar la guerra contra el Imperio Japonés. Alemania nunca fue mencionada. En ése entonces no había apoyo popular para expander la guerra, a menos que Hitler llevara a cabo un gesto de estupidez monumenta, los Estados Unidos no tenían razones oficiales para declarar la guerra contra Alemania. Los estrategas Británicos y Americanos estaban frustrados. Siempre habían presumido que una vez que los E.U. entraran a la guerra, derrotar a Alemania se sonvertiría en prioridad, antes que Japón. Pero ahora parecía que América tomaría como objetivo número uno derrotar a Japón mientras Gran Bretaña peleaba sola contra Alemania.

Afortunamente para ellos, cuatro días después de Pearl Harbor, Hitler cometió uno de los errores más monumentales de la historia. Mientras el presidente Roosevelt necesitó 517 palabras para declarar la guerra y la perdición del Japón, Hitler ante el Reichstag sólo necesitó 334 palabras para sellar el destino del Tercer Reich.



En el último mes de 1941, un observador perceptivo se podría haber dado cuenta que los primeros destellos de esperanza para causa aliada, así como los alemanes se daban cuenta de que lo peor estaba por venir. Los Británicos no sólo no habían sido derrotados, sino que estaban contratacando cuando era posible. Aún más preocupante para los alemanes fue la contraofensiva soviética en el frente de Moscú, donde las divisiones frescas siberianas hacían retroceder al grupo de ejércitos centro de la Wehrmacht.



A pesar de que los cielos rápidamente se obscurecían, al escuchar las noticias de Pearl Harbor, Hitler dejó su cuartel general en Prusia –a dónde se hallaba comandando las tropas contra la ofensiva rusa de invierno- y se dirigió rápidamente a Berlín. El 11 de diciembre de 1941, fué ante el Reichstag a declarar la guerra contra los Estados Unidos de Norteamérica. Fue un acto de suicidio. Aunque Alemania ya estaba enganchada con una guerra en dos frentes contra Inglaterra y la Unión Soviética, Hitler no dudó en declarar la guerra a una nación que producía en un año tánta munición como Alemania en cinco años. No fue su error más serio, sin embargo fue el más colosal.

¿Por qué lo hizo?. Ésta pregunta ha girado en la mente de los historiadores por mucho tiempo. Hitler ciertamente estaba consciente de la capacidad de producción de América, ya que había escrito sobre ella en Mein Kampf. La respuesta más simple es que a pesar de su conocimiento, no le impresionó el potencial militar americano. En 1940 le había dicho al ministro de relaciones exteriores soviético Molotov que los Estados Unidos no serían una amenaza para el III Reich durante décadas “1970 ó 1980 a lo sumo”. Sin embargo, Hitler siempre había creído que la guerra con los E.U. era inevitable. Para él, era mejor tener ésa guerra cuando ÉL la escogiera y cuando él podría contar con la distracción de grandes contingentes de tropas americanas por parte del Japón. Así que Alemania, por segunda vez en una generación, se halló a sí misma en una guerra de dos frentes contra los poderes económicos más grandes del mundo.

*Ordenar el alto al avance en Dunkerque*

Si hubo un breve momento en que Hitler tuvo el poder de ganar la guerra en un frente y sacar de su lista de antagonistas a Inglaterra y Francia fue en Dunkerque. El 10 de mayo de 1940, las puntas de lanza alemanas hicieron a un lado las ligeras defensas en los bosques de las Ardenas antes de aplastar la línea defensiva francesa en Sedán. Raudos a través de Francia, los panzers del general Heinz Guderian entraron a Abbeville, a 20 millas del canal inglés, sólo 10 días después de iniciada la ofensiva. El ejército francés, cortado por la mitad había sido desbalanceado y nunca recuperaría su equilibrio.



Pero incluso si la Wehrmacht ya estaba rematando a Francia, las siguientes acciones de Hitler garantizarían la supervivencia de otro de sus contrincantes, la Fuerza Expedicionaria Británica; así como le daría un regalo a su más tenáz oponente, Winston Churchill: un ejército con el cual continuar la lucha.

El 23 de mayo, las unidades de vanguardia panzers estaban a sólo 18 millas del puerto de Dunkerque, más cerca que la mayoría de unidades británicas. Aunque las tropas alemanas estaban exhaustas de dos semanas de continuas marchas y combates, los comandantes locales juzgaron que fácilmente capturarían el puerto y atraparían al ejército británico en Francia. Presintiendo que una aplastante victoria estaba cerca, el comandante en jefe de la Wehrmacht Walther von Brauchitsch ordenó que la ciudad sea tomada. Pero justo antes de que los tanques avanzaran, Hitler lanzó su famosa orden de alto, deteniéndose en las afueras de Dunkerque.



Él nunca mencionó sus razones de la orden, se hacen suposiciones que incluyen la promesa de Hermann Göring de que la Luftwaffe podría completar la destrucción de las fuerzas británicas; Hitler se mostraba reacio a arriesgar a sus valiosos panzers en el terreno alrededor de Flanders. Sea cual sea la razón, el alto dio a los británicos dos días preciosos para consolidar sus defensas alrededor de Dunkerque, permitiéndoles realizar el rescate de tropas más famoso de la historia moderna. Al final, la Real Armada, apoyada por algunas naves francesas y una flotilla de 800 naves civiles evacuaron a 338,226 tropas de las playas de Dunkerque, incluyendo 118,000 soldados Belgas, Franceses y Holandeses. Éstos hombres rescatados proveyeron de un alma de veteranos sobre el que rehacer un nuevo ejército británico.

*No valorar el potencial de los U-boots*

Con la Real Marina protegiendo el canal inglés y la Real Fuerza Aérea negando el dominio áereo a la Luftwaffe, Inglaterra estaba a salvo de la invasión. Aún así, Hitler tenía un arma que podrñia sacar a Inglaterra de la guerra: los U-Boots. En 1917, los submarinos estuvieron a punto de arrodillar a Inglaterra. A pesar de esto, Hitler se vió lento en ver su valor. Si, durante la segunda mitad de los años 30´s, él hubiera tomado la mitad de los recursos desperdiciados en la construcción de una casi inútil flota de superficie y los hubiera invertido en la construcción de U-Boots; Alemania podría haber iniciado la guerra con cientos de éstos asesinos silenciosos, más que 57 con que inició.

Incluso con la lentitud de los números, los U-boots llegaron a un suspiro de sacar a Gran Bretaña de la guerra. Para mediados de 1940, Alemania sólo tenía 25 U-boots en servicio. Aún así, lograron hundir casi 700,000 toneladas de barcos aliados al terminar el año, ó el equivalente a 225 barcos mercantes. A pesar de ése gran éxito, no fue hasta febrero de 1941 que Hitler promulgó la directiva 23, ordenando un programa emergente de producción de U-boots.



Alemania produjo más de 1,100 U-boots durante la guerra, con más de 450 aún en servicio en 1945. Para principios de 1943, los U-boots habían llevado a Inglaterra a una situación desesperada y ganar la batalla del atlántico se convirtió en la máxima prioridad para los aliados. Entonces en marzo de 1943 –casi imperceptible en un inicio- la marea comenzó a cambiar. Una combinación de mejores tácticas, nuevas tecnologías antisubmarinas y un código naval alemán que fue roto convirtió el norte del atlántico en un cementerio de submarinos.


Los submarinos alemanes continuaron hundiendo barcos aliados hasta el final de la guerra, pero sus propias pérdidas eran inaceptablemente altas. Al final, Alemania perdió casi 800 U-boots y unos 30,000 tripulantes. Aunque hundieron cerca de 14 millones de barcos aliados, ése impresionante total fue abrumado por las cerca de 40 millones de toneladas que los Estados Unidos construyeron para reemplazar los perdidos. Si se considera que la flota entera mercante de Inglaterra en 1940 era de menos de 18 millones de toneladas, queda claro que si Alemania hubiera iniciado la guerra con tántos submarinos como con los que terminó, Gran Bretaña no habría sobrevivido demasiado.

*Abrir un VASTO segundo frente*

Inglaterra sobrevivió y seguía desafiante cuando Hitler cometió un error, segundo en importancia después de su graciosa declaración de guerra a los Estados Unidos: lanzar la Operación Barbarossa, la invasión de la Unión Soviética en junio de 1941.

Apenas han pasado más de dos décadas desde que Alemania había lanzado su guerra en dos frentes y sufrió las devastadoras consecuencias. Por lo tánto se necesitaba un impresionante nivel de incompetencia estratégica por parte de Hitler para iniciar la guerra en el este cuando el conflicto continuaba en el oeste. La tenacidad, mezclada con destellos de brillantez táctica y operativa mantuvo a los alemanes en el campo de batalla durante cuatro sangrientos años. Y una vez más, los militares alemanes casi salieron victoriosos en la apuesta de Hitler. Pero tales atributos marciales fueron insuficientes para superar el error estratégico fundamental que los puso en Rusia desde un inicio. Se necesitó un número adicional de errores por parte de Hitler para aplastar las esperanzas alemanas de una Drang Nach Osten “Marcha hacia el Este”.

*Fallar en tomar Moscú*

El primero de aquellos errores que pronto llegarían después de haber sido lanzada la operación Barbarossa. Desde un inicio, los líderes militares de Hitler sabían que la velocidad era la esencia: estaban en un concurso de rapidez, no en una guerra de posiciones. Y sus éxitos iniciales hicieron que la carrera contra el tiempo fuera prometedora: después de aplastar las divisiones soviéticas de las fronteras, el Grupo de Ejércitos Centro ganó una dura batalla en Smolensko. Al concluir, más de 200,000 prisioneros soviéticos marcharon hacia los ya saturados campos de prisioneros y el camino hacia Moscú estaba prácticamente libre. Ahora era momento de una enérgica y directa ofensiva contra la capital Soviética.


Más que sólo un objetivo político, Moscú era el centro nervioso del partido Comunista, centro industrial mayor y, lo más importante, el nexo para casi cualquier línea férrea en la Union Soviética: si Moscú caía, el movimiento lateral de las fuerzas soviéticas se convertiría en imposible. Más que nada, la derrota de Moscú ayudaría a cortar a la Rusia del Oeste de sus ejércitos del este, que ya comenzaban a moverse en ayuda de la ciudad. En 1812, Rusia pudo haber perdido Moscú contra Napoleón y sufrir pocas consecuencias militares. Perder Moscú en 1940 habría sido catastrófico para la causa soviética.


Pero entonces Hitler cambió el énfasis estratégico de Alemania: en vez de enviar sus fuerzas hacia Moscú, a finales de agosto Hitler ordenó al General Heinz Guderian que tomara su Segundo Ejército Panzer y lo llevara hacia el sur para ayudar al Grupo de Ejércitos Sur. Para explicar su conducta, el apeló a los recursos naturales de Ucrania y el petróleo en el Caúcaso, ambos de los cuales el consideraba vitales para el esfuerzo de guerra alemán. Cuando sus generales persistieron en protestar por éste cambio de estrategia, Hitler exclamó: “Mis generales no saben nada de economía!”. Muy a su pesar, Guderian llevó sus panzers hacia el sur, embolsando a otros 600,000 prisioneros en la bolsa de Kiev. Fue la más grande victoria táctica de la guerra, pero no fue sin costo.

Cuando el avance hacia Moscú –Operación Tifón- fue renovado el 2 de octubre, se había perdido un valioso mes. Una combinación de fiera resistencia soviética, sobre-extensión alemana y un espantoso clima pronto detuvieron la ofensiva alemana justo en la afueras de su objetivo. A finales de noviembre, cuando Tifón se canceló, las puntas de lanza alemanas estaban a menos de 20 millas de Moscú. Sólo dos semanas después, los rusos lanzaron una enérgica contraofensiva de invierno. A diferencia del Grande Armée de Napoleón, que fue destrozado por la victoria rusa y el invierno, el Grupo de Ejércitos Centro no se desintegró. Lo que sí, sin embargo, sufrió terribles pérdidas y nunca más estuvo en una posición para amenazar Moscú. La oportunidad de Hitler de obtener una rápida y decisiva victoria en el Este se disolvió.


*Sobreestimar a Stalingrado como objetivo*


Toda la esperanza de victoria aúno se había perdido. En la primavera y verano de 1942 una restaurada Wehrmacht lanzó una nueva ofensiva para asegurar los campos petrolíferos del Caúcaso. Fue en ése punto que Hitler tomó una serie de malos juicos que perdieron al ejército alemán y tuvo funestas consecuencias sobre todo el esfuerzo de la guerra.

Después de sermonear a sus generales acerca de Moscú era un mero objetivo político de poco valor militar, Hitler, remarcablemente, se permitió a sí mismo envolverse en una batalla de prestigio por Stalingrado. En vez de enfocarse en los campos petrolíferos, dividió su fuerza, enviando una parte hacia el sur a Baku y la otra a tomar Stalingrado. Fue una batalla que azuzó ferozmente, aún mucho después de que la ciudad había perdido cualquier utilidad militar. División tras división era llevada a alimentar la muerte en Stalingrado, a donde batallones enteros eran virtualmente desaparecidos 24 horas de su asignación. Por casi tres meses, el Sexto Ejército Alemán castigó la ciudad hasta que sólo una pequeña rebanada permanecía en manos soviéticas.

Enfocado de una manera obsesiva y enferma en capturar la ciudad que llevaba el nombre de su enemigo mortal, Hitler no hizo caso del amontonamiento de reservas soviéticas en los débilas flancos del Sexto Ejército. Cuando los soviéticos lanzaron un ataque para atrapar al Sexto Ejército –Operación Uranus- a mediados de noviembre, ellos rápidamente barrieron a los Rumanos y después a los Italianos y Húngaros. Dos días después, las pinzas soviéticas se encontraron en la ciudad de Kalach atrapando al Sexto Ejército. Por varios meses el ejército perdido lentamente murió de hambre, antes de rendirse finalmente el 2 de febrero de 1943.



La insistencia maniática de Hitler en tomar y mantener Stalingrado le habían costado más de 750,000 bajas y la pérdida de un ejército irremplazable.


*Apostarlo todo en Kursk*


Eventualmente, la ofensiva soviética en Stalingrado perdió empuje y se les dio a los alemanes un espacio para respirar y consolidar una nueva línea defensiva y restaurar a sus fuerzas castigadas. Si querían tener una oportunidad de negociar una paz favorable, ahora era tiempo de fortificarse en profundidad, rearmar las fuerzas móviles para llevar a cabo contraataques –como el que llevó a cabo Erich von Manstein en Kharkov en febrero y marzo de 1943- y sobreponer sus fuerzas para la siguiente ofensiva soviética.

En vez de eso, Hitler se fijó la idea de una ofensiva masiva de verano apuntada a una enorme saliente en las líneas soviéticas alrededor de la ciudad de Kursk. Ordenando tenazas simultáneas desde el norte y el sur, esperaba atrapar a las fuerzas soviéticas y cortar la bolsa, permitiendo que la ofensiva continuara en el Este.


Si fue la batalla de Stalingrado la que decidió que Hitler no ganaría la guerra, la batalla de Kursk fue la que decidió que la perdería. Advertidos de las preparaciones masivas que los rusos habían llevado a cabo alrededor de Kursk, muchos generales alemanes se mostraban reacios a atacar; incluso Hitler tenía sus dudas, admitiendo que el pensar en ése ataque le hacía ponerse enfermo. A pesar de sus presentimientos, Hitler eventualmente ordenó continuar.



Es un testimonio de la habilidad táctica de los alemanes que durante 10 días la Wehrmacht haya empujado a los soviéticos haciéndolos retroceder. Y por un breve instante, parecía que a pesar de las horribles pérdidas que les infligieron no serían en vano. El cinturón defensivo final fue perforado y los blindados del Cuarto Ejército Panzer se agruparon para el empuje final. Fue en éste momento cuando el comandante ruso, el General Georgi Zhukov, develó su sorpresa final. La reserva soviética, comprendiendo al 5º Ejército de Guardias Blindados, le fue ordenado avanzar para taponar la brecha. Cerca de la villa de Prokhorovka, los tanques soviéticos se estrellaron contra los alemanes. En lo que sería conocido como “cabalgata mortal del Cuarto Ejército Panzer”, ambos lados combatieron cara a cara con los tanques. Cuando terminó, el poder ofensivo alemán en el este se había esfumado. Las divisiones panzer, reconstituidas a gran costo en la primera mitad de 1943, estaban deshechas. Con ellas, las esperanzas de Hitler de una victoria.


*Reforzar al Afrika Korps demasiado tarde*


Mientras los alemanes marchaban hacia la muerte en Kursk, las fuerzas aliadas desembarcaban en Sicilia. El que ellos hayan sido capaces de batir las fuerzas de la isla relativamente fácilmente y seguirla con la rápida invasión de la Italia continental puede ser atribuido a otro de los errores de Hitler. Desde inicios de 1941, Hitler había permitido al comandante de las fuerzas alemanas en África, Erwin Rommel, conducir una operación económica en fuerzas. Durante dos años, el rechazo de Hitler para comprometer más unidades que sólo un puñado de tropas forzó a Rommel a crear su reputación al combatir y ganar casi siempre en disparidad de números.

Sólo después de la batalla de que la batalla del Alamein fuera perdida, con la llamada de atención del exitoso desembarco de los aliados en el oeste de Africa del Norte –ambos en noviembre de 1942- fue que Hitler de repente decidió reforzar masivamente el ejército de Rommel. Decenas de miles de tropas alemanas fueron transportadas hacia Tunisia en un intento de mantener la posición de Africa. La decisión de Hitler llegó mucho después de que toda esperanza de victoria se había desvanecido con resultados predecibles. Aproximadamente 230,000 tropas del eje se rindieron en Túnez en mayo de 1943, incluyendo a la mayoría del legendario Afrika Korps de Rommel. Éstos veteranos eran necesitados desesperadamente y serían extrañados grandemente en la batalla por Europa.


*Cavilar en Normandía*

Para inicios de 1944, era aparente para el alto comando alemán e incluso para Hitler que la competencia final por el control de Europa del Norte no tardaría mucho en llegar y que los aliados pronto intentarían cruzar el canal. En uno de sus flashazos de intuición, Hitler predijo que la invasión llegaría a través de Normandía. Desafortunadamente para los altos estrategas alemanes, no tuvo el coraje de respaldar su convicción. Cuando los aliados de hecho desembarcan en Normandía, Hitler sospechó que era un ataque de diversión y que el verdadero objetivo era la región del Paso de Calais. La confirmación de esto fue que casi 19 divisiones alemanas, incluyendo las seis poderosas divisiones panzer, pasaron el día D sin moverse.

Si las divisiones panzer hubieran llegado a las playas el día del desembarco, las hubieran convertido en un infierno viviente y podrían haber arrojado al enemigo nuevamente al mar. A través de las siguientes semanas, Hitler se fue convenciendo más y más de que la invasión en Normandía era de diversión; no fue hasta finales de julio que finalmente aprobó el movimiento de una división del 15º ejército, que guardaba el Paso de Calais. Una vez más fue demasiado tarde. Para cuando las divisiones arrivaron, las líneas alemanas estaban a punto de derrumbarse.


En otra funesta decisión de parte de Hitler, había ordenado que el frente de Normandía fuera mantenido a cualquier costo. Esto aseguró que cuando sus fuerzas inevitablemente se retiraran, el esqueleto sobreviviente sería incapaz de llevar a cabo cualquier operación móvil ó enfrentar al enemigo en las fortificaciones que habían a lo largo de la frontera alemana.



*Proclamar la orden “permanecer y morir”*



La orden de mantener las posiciones hasta el último hombre y la última bala tendría consecuencias más funestas en el frente del este.



Sincronizada para estar lo más cerca del desembarco en Normandía, Stalin había ordenado la Operación Bagration –la destrucción del Grupo de Ejércitos Centro- para que diera inicio en 22 de junio de 1944, el día del aniversario de la invasión de la Unión Soviética. Poco antes de que diera inicio el ataque soviético, los generales de Hitler le aconsejaron retirar el ejército, tratando de mantener la ciudad de Minsk, para acortar las líneas en posiciones más defendibles y dejar que la ofensiva golpeara un espacio vacío. Al fallar en persuadirle sobre la necesidad de abandonar el espacio en que las pinzas soviéticas se cerrarían, suplicaron por establecer la defensa en profundidad.



En vez de eso, Hitler ordenó a la mayoría de sus fuerzas mantener sus posiciones y prohibirles la retirada, sin importar cuán desesperada era la situación. El resultado fue calamitoso. En un mes de combates, los soviéticos desaparecieron al Grupo de Ejércitos Centro, aniquilando 20 divisiones en las primeras semanas de la ofensiva –tántas como las que aliados combatían en el frente de Normandía-. Sólo el cansancio detuvo a la horda roja en el río Vístula, cerca de Varsovia. Una vez que restauraron fuerzas, se prepararon para su siguiente gran movimiento: el III Reich.



*Perder la segunda apuesta en las Ardenas*



Había, sin embargo, una decente probabilidad de que Hitler podría ahorrar a Alemania del Este casi dos generaciones de ocupación soviética, si no hubiera sido por su siguiente tropezón. Para finales de 1944, los ejércitos aliados estaban posicionados para entrar en Alemania desde el este y el oeste. A través de un máximo esfuerzo, la Wehrmacht logró reponer varias de sus divisiones pazer y organizar una reserva móvil con la cual enfrentar la amenaza. Las formaciones renovadas blindadas eran mucho menos de lo que Alemania necesitaba para cambiar la marea de la guerra. Pero si éstas divisiones hubieran sido desplegadas en el frente oriental, habrían podido mantener a raya a los soviéticos de las fronteras alemanas lo suficiente para que los aliados occidentales avanzaran y ocuparan la mayoría de Alemania.



Por supuesto, tales pensamientos nunca preocuparon a Hitler. En vez de eso, lanzó sus blindados en diciembre en un débil sector del frente americano –en los bosques de las Ardenas- en lo que se haría famoso con el nombre de la batalla del Bulge. Atacando a través de las Ardenas, había una falsa esperanza y perdición desde un inicio. Pudo haber retrasado a los aliados, pero no tenía oportunidad de recrear el glorioso avance de 1940, aunque se llevó a cabo en el mismo terreno. Todo lo que Hitler ganó fue un pie en Bélgica que no podría ser mantenido. A cambio del grueso de lo que quedaba de sus fuerzas blindadas, Hitler perdió la última esperanza de rescatar algo del desastre que se avecinaba.




Al final, es sorprendente que a pesar de error tras error, Alemania resistió el poder combinado de las más grandes potencias del mundo por casi media década. Éste es un testimonio de la capacidad operática del ejército alemán, que se demostró incansable en su recuperación a través de la guerra. Incluso en 1945, la Wehrmacht era capaz de engañar a sus acechadores e infligir grandes pérdidas en los últimos meses de guerra. Pero todo fue en vano. El progreso en el campo de batalla no podría superar la incompetencia en las altas esferas. Tampoco podrían borrar el hecho de que las capacidades combativas de la Wehrmacht estuvieron al servicio de una causa vil. La humanidad siempre deberá estar agradecida que la causa estuvo dirigida por uno de los más incompetentes líderes militares.



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