"La historia de las guerras
es la historia de la humanidad."
La experiencia soviética en Afganistán: Lecciones Aprendidas

Por Mayor James T. –Mc. Ghee. Traducción e ilustraciones de Ignacio Romero.


   El 27 de septiembre de 1979, elementos de vanguardia del 40º ejército soviético cruzaron la frontera hacia Afganistán. Tres días después,  tropas aerotransportadas habían alcanzado los aeropuertos de Kabul y Bagram y el presidente afgano H. Amin había sido ejecutado. Éste fue  el inicio de un desastre político y militar para la Unión Soviética que duró nueve años con un costo de casi 15,000 tropas que se reportaron como caídas en combate ó perdidas. Miles de soldados más fueron heridos ó murieron de enfermedades y millones de afganos perecieron, fueron heridos ó se convirtieron en refugiados. La lección más importante que los soviéticos aprendieron de su experiencia en Afganistán fue, de acuerdo a Cordesman y Wagner, que “nunca se debió pelear”. Hay, sin embargo, un número de otras lecciones políticas, estratégicas y tácticas que pudieron haber sido aprendidas del conflicto Soviético-Afgano.







Las miras políticas inmediatas de la Unión Soviética después de la invasión era la de apagar la revolución Saur de abril de 1978 e instalar un liderazgo afecto al régimen soviet en Kabul. La justificación política también podría ser la de respaldar la “doctrina Brezhnev” por el liderazgo soviético, descrita como: “la mira soviética de que si alguno de sus regímenes comunistas clientes es amenazado, tienen el derecho de intervenir”. Los soviéticos habían confrontado exitosamente éstas amenazas antes; en 1956en Hungría y en 1968 en Checoslovaquia. No había razón para creer que la operación les sería difícil y no terminaría en una apabullante victoria soviética. Mientras estuvieran en lo correcto en su suposición de que los Estados Unidos no deseaban evitar la incursión soviética, ellos cometieron errores de apreciación a niveles políticos y estratégicos que tenían que ver con las respuestas de los Estados Unidos, Pakistán y el pueblo afgano.




Un importante error político era la falsa imagen que tenían de la administración de Carter y la creencia de que sólo habrían unas cuantas objeciones a la acción en un área tradicionalmente de influencia soviética. El presidente de los Estados Unidos Jimmy Carter tomó “serias” medidas contra los soviéticos cancelando entregas de granos, prohibiendo la venta de artículos de alta tecnología y boicoteando los juegos olímpicos de 1980 a llevarse a cabo en Moscú. Él declaró: “La invasión soviética de Afganistán es la más grande amenaza a la paz desde la segunda guerra mundial. Es una clara escalada en la historia agresiva de la Unión Soviética”.




La Agencia Central de Inteligencia americana (CIA) recibió aprobación presidencial para comenzar un programa de envío de armas encubierto a la resistencia afgana. Esto incluyó después, en 1986, bajo gran presión de los miembros del departamento de estado y defensa, la entrega de los primeros misiles Stinger a los Mujahidies. Éstas nuevas armas en las manos de los combatientes Mujahidies , con sólo un poco de entrenamiento, probaron ser el arma más efectiva contra los aviones soviéticos.



   El presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan, quien derrotó a Carter en las elecciones presidenciales de 1980, era un comprometido anticomunista que creía que las ganancias comunistas en el tercer mundo debían ser recuperadas. Su “Doctrina Reagan era una iniciativa agresiva diseñada para incrementar el costo del apoyo soviético a los gobiernos del tercer mundo”. Él revirtió la política hacia el vecino de Afganistán, Pakistán. Los Estados Unidos comenzaron a embarcar grandes cantidades de suministros, armas y municiones a través de Pakistán a las diferentes facciones Mujahiditas combatiendo contra los soviéticos. Un inmenso paquete de ayuda económica y militar de seis años a Pakistán elevó al país a la tercera posición en la tabla de naciones que recibían ayuda económica de los Estados Unidos. Ésta fue un cambio importante en la política de los Estados Unidos. Los E.U. ahora apoyaban abiertamente un régimen dictatorial islámico que perseguía agresivamente un programa de desarrollo de armas nucleares.




Pakistán, como Camboya durante la guerra de Vietnam, era un santuario de los rebeldes de las fuerzas soviéticas que no deseaban cruzar la frontera internacional a su nación. Éstos santuarios proveían a la resistencia afgana con un área segura para entrenar reclutas, planear operaciones de combate y crear una estructura de soporte logístico. Se puede argüir que fue la más importante falla de los soviéticos para alcanzar una victoria estratégica en Afganistán y Pakistán: “era vital para la continuación de la resistencia Mujahidita”. Los suministros militares y armas eran trasladados desde Egipto, China y los Estados Unidos con fondos adicionales que venían de los países islámicos como Arabia Saudita. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) se coordinó con los Directores de Inter-Servicios de Inteligencia pakistaníes para distribuir ayuda a la resistencia. Armas de estilo soviético como los rifles AK-47 y misiles antiaéreos SA-7 fueron entregados; así éstas armas “soviéticas” eran similares a aquellas capturadas de los rusos y no podrían ser directamente asociadas con los Estados Unidos. Eventualmente armamento más sofisticado, como los misiles Stinger, equipo de comunicaciones y armas pesadas fueron contrabandeadas a través de Pakistán a la resistencia afgana.




Las brutales tácticas soviéticas de “tierra quemada” llevó a miles, eventualmente se estimó que a tres millones de afganos, a construir villas de casas de campaña en las provincia de la frontera norte y en Baluchistan en Pakistan. Pakistán dio albergue a éstos grandes números de refugiados aunque ésta área apenas era controlada por el gobierno del Islamabad. Éstos refugiados proveyeron lo que Mark Urban llamó: “la reserva humana para la resistencia”. Localizados entre éstos campos, los rebeldes eran capaces de reclutar, armar y entrenar nuevos “guerreros sagrados” para combatir a los soviéticos. Una firma, posiblemente fundada por la CIA, incluso empleó a ex soldados británicos quienes entrenaron a los Mujahiditas en Pakistán.





Los campos de refugiados también proveyeron a los Estados Unidos y a otras organizaciones pro-afganas de una oportunidad para proveer asistencia humanitaria. Los Estados Unidos contrabandearon significantes cantidades de ayuda a través de organizaciones no gubernamentales para ayudar a los refugiados en Pakistán. Muchos de éstos recursos también fueron destinados a los grupos resistentes. Al enviar grandes cantidades de ayuda humanitaria, los Estados Unidos ganaron una imagen favorable ante el mundo y aliviaron la presión política y económica del Islamabad.


En adición a los errores políticos de hacia los Estados Unidos y Pakistán, el liderazgo soviético también falló en calcular la fuerza, motivación y voluntad de las organizaciones resistentes afganas. Los Mujahiditas nunca fueron una fuerza unida de combate por un objetivo único ó liderados centralmente. La resistencia en Afganistán consistía en una variedad de grupos étnicos que con frecuencia tenían objetivos políticos y militares. Había sin embargo una unidad contra el enemigo común: “los comunistas sin Dios”. La más grande fortaleza de los Mujahiditas y el pueblo afgano fue su resistencia. Los combatientes de la resistencia y los que los apoyaban siguieron con el conflicto a pesar de las grandes bajas civiles, millones de refugiados, pobres comunicaciones, falta de armas y equipo y la abrumadora superioridad técnica del ejército soviético. A pesar de todos sus  esfuerzos, los soviéticos “no entendieron contra quién combatían”.





 Las fuerzas principales del 40º ejército soviético estaban posicionadas en Afganistán para enero de 1980. Etaban completamente impreparados para el tipo de guerra de guerrillas llevada por los Mujahiditas. Se pensaba que con la mera presencia de las fuerzas soviéticas serviría para que se rindieran los Mujahiditas. El 40º ejército estaba organizado para combatir usando las tradicionales doctrinas militares de ofensivas a gran escala seguidas de explotación de la brecha y persecución del enemigo. La estructura de comando soviétcia se ajustaba a ésa doctrina: “el éxito de las ofensivas de combate es directamente dependiente del nivel de entrenamiento de los comandantes y oficiales;  menor sea el rango, más grande deberá ser en grado de control centralizado”.




Intentos tempranos del liderazgo soviético para desplegar grandes, combinadas, formaciones de tropas y conducir una clásica ofensiva y perseguir las guerrillas probaron ser inefectivas en una guerra que debía enfatizar la importancia de pequeñas unidades operativas. La mayoría de los encuentros fueron peleados a un nivel táctico mientras que el ejército soviético estaba entrenado para combatir a gran nivel. La mayoría de los elementos de apoyo soviéticos como la artillería, ingenieros, comunicaciones y aviación estaban organizados a nivel divisional ó mayor. Éstas lecciones forzaron una reorganización mayor del 40º ejército.





Quizá la consideración más significativa durante la reorganización era la dificultad del terreno afgano. El general soviético Yuri Maksimov refiere: “las operaciones de combate en las montañas se caracterizan por un número de variables condicionadas por la naturaleza del terreno montañoso, así como su carácter extremadamente rudo de los caminos con poca movilidad en los caminos y un gran número de obstáculos naturales”.



Los soviéticos reorganizaron sus fuerzas de unos elementos altamente centralizados en los tanques a batallones integrados, combinados. Se hizo un énfasis especial en la necesidad del reconocimiento, aviación, ingenieros, asalto aéreo y las fuerzas especiales. El liderazgo soviético también reconoció la necesidad de un mayor poder de fuego para sus formaciones de infantería.


Los blindados del ejército soviético eran inefectivos en las montañas afganas debido a la limitada capacidad de elevación del cañón principal y de la ametralladora coaxial. Usados al principio como parte de las grandes e inútiles operaciones de combate, los soviéticos aprendieron rápido que “la práctica de juntar un gran número de fuerzas regulares contra un pequeño grupo de  fuerzas irregulares guerrilleras en un terreno hostil era la bancarrota”. Como resultado, los tanques soviéticos se convirtieron en fortines estacionarios posicionados en las bases soviéticas






Un mayor énfasis se puso en el uso de blindados ligeros, vehículos con ruedas como los de la familia de los BMD. Estos vehículos probaron estar bien adaptados para las operaciones soviéticas en Afganistán. Eran la mitad de ligeros y más cortos que los BMP. Estaban bien armados con un cañón de 37 mm, una ametralladora coaxial y dos ametralladoras montadas al frente. Tenían una silueta baja que les permitía ocultarse en los  desniveles del terreno ó detrás de formaciones rocosas. Su ligero peso era deseable en una guerra en que se hizo un amplio uso de minas terrestres y le permitía ser transportado por aire por una gran variedad de aviones y helicópteros.





Formaciones ligeras de infantería, como las de élite soviética de asalto aéreo paracaidistas y unidades de fuerzas especiales probaron ser las más efectivas contra las tácticas de guerrilla de los Mujahiditas operando en el duro terreno afgano. Típicamente las operaciones tácticas de éstas unidades eran los raids, bloqueo de posiciones, búsqueda y emboscada. Ya que éstas formaciones ejecutaron el grueso de las operaciones ofensivas soviéticas, recibían frecuentemente las mejores armas, equipo y entrenamiento.



El liderazgo soviético puso un nuevo énfasis en el poder de fuego de sus formaciones de infantería. El viejo rifle AK-47 de 7.62 mm fue reemplazado por el nuevo AK-74 de 5.44 mm. El peso más ligero del nuevo rifle y su munición probó estar mejor adaptado para las operaciones en Afganistán. Grandes números de ametralladoras ligeras, cañones antiaéreos, lanzagranadas automáticos, lanzallamas, rifles de francotirador y morteros fueron también proveídos a las unidades de infantería. La necesidad de un poder de fuego de mayor alcance, portátil y letal fue una lección clave aprendida por el liderazgo soviético.



Los soviéticos requerían de un gran número de helicópteros para sus formaciones ligeras de infantería, tales como las fuerzas especiales ó las de asalto aéreo, para ser efectivas. Los helicópteros eran esenciales en las regiones montañosas de Afganistán. Eran usados para atacar las fuerzas enemigas, como reconocimiento, fuego de artillería, insertar y evacuar tropas, entregar suministros y transferir armas y equipos. El mantener operativos los helicópteros en Afganistán probó ser muy difícil. Las temperaturas en Afganistán pueden fluctuar de extremadamente caliente en el verano a heladas en verano y en las alturas. Fuertes vientos estaban presentes con frecuencia, que limitaban las operaciones de vuelo y reducían la visibilidad al crear  tormentas de arena. Las operaciones de combate eran significativamente afectadas a grandes alturas, a donde la capacidad de carga de los helicópteros se reducía causando que las aeronaves necesarias se duplicaran. Aunque después de todo “los soviéticos nunca tuvieron suficientes helicópteros en Afganistán para cumplir todos sus objetivos”.




Los misiles tierra-aire adquiridos por los Mujahiditas de los programas encubiertos para proveer armas de los Estados Unidos probaron ser muy problemáticos para las operaciones de la aviación soviética. La introducción de misiles más efectivos, incluyendo el Stinger en 1986, afectó significativamente las operaciones aéreas soviéticas en Afganistán. El Stinger, un sistema portátil individual, pesa 34 libras y tiene 5 pies de largo con un rango máximo de 5,800 metros y una altitud máxima de 3,500 metros. Su uso forzó a los soviéticos a incrementar la velocidad de ataque y dejar de perder el tiempo sobre los objetivos. Cazas y bombarderos eran forzados a incrementar sus alturas de ataque de 2,000-4,000 a una altura alrededor de 10,000 pies. Los Mujahiditas a pesar de no haber recibido un gran entrenamiento con éste misil, fueron capaces de impactar aviones soviéticos a más de 4,800 metros de distancia y 2,000 metros de altura. Las mayores altitudes forzaron a los soviéticos a tener un mayor apoyo aéreo debido a la efectividad de los Stingers reducían la puntería de sus bombas. El peligro añadido al volar en las áreas objetivos incrementaron la amenaza a los pilotos soviéticos. Como resultado los pilotos soviéticos ya no querían volar tántas misiones ó de tánto riesgo. El decremento en la búsqueda y destrucción de objetivos desde el aire permitió a los rebeldes afganos moverse en su país mucho más fácilmente y restaurar sus líneas de suministro.




Los objetivos principales de los Mujahidines eran los helicópteros soviéticos, que también probaron ser vulnerables a los Stingers. Esto significó que el comando soviético tuvo que limitar severamente el empleo de helicópteros especialmente durante el día. Los cambios forzados en las tácticas de las fuerzas de aviación soviéticas tuvieron profundos efectos en el campo de batalla. Los helicópteros fueron menos efectivos al proveer fuego de apoyo directo al tener que reducir su tiempo de vuelo sobre el objetivo los pilotos al pensar que habían misiles Stinger en el campo de batalla..

Más que sólo las misiones de combate fueron las afectadas. La evacuación de bajas, una vez predominantemente ejecutadas por helicópteros, fueron reducidas significativamente. Un combatiente soviético recuerda: “Hasta 1987 todos nuestros heridos eran evacuados por helicópteros a los hospitales de Kabul. Al llegar el Stinger se terminó nuestro uso masivo de helicópteros. Fuimos forzados a hacinar a los heridos en vehículos blindados y enviarlos a través de los caminos locales hacia Kabul”. Ciertamente, el temor de ser herido y no contar con una adecuada evacuación de bajas tuvo en efecto negativo en los soldados que peleaban en tierra.



El áspero terreno combinado con las tácticas de guerrilla de los Mujahiditas llamó por la aplicación de nuevos métodos al conducir operaciones ofensivas por los soviéticos. El combate demostró, que como regla los ataques frontales entre los soviéticos y los afganos no tuvieron éxito. Las fuerzas rebeldes eran capaces de retirarse a los pasadizos entre las montañas cuando eran atacados. Los soviéticos eran capaces de desplazar a los Mujahidines pero incapaces de infligir bajas significativas a los elusivos guerrilleros. Entre los nuevos métodos que intentaron los soviéticos era el cordón y búsqueda. El cordón y búsqueda estaba diseñado para atrapar a los rebeldes en un valle entre las fuerzas principales soviéticas y un envolvimiento táctico del enemigo por fuerzas de asalto aéreo. Cuando se realizaba correctamente ésta acción combinada prevenía que los Mujahiditas maniobraran ´ço escaparan hacia las montañas. Sin embargo éstas operaciones rutinariamente fallaban al ser espiadas las tropas soviéticas por la inteligencia Mujahidita y revelar los momentos en que salían de sus bases en retaguardia.

La falta de un cuerpo profesional de oficiales no comisionados representaba un problema crítico en el 40º ejército, especialmente con experiencia en operaciones de contra insurgencia. Los sargentos soviéticos eran conscriptos que habían asistido a un curso de seis meses de entrenamiento y los tenientes no tenían experiencia al ser recién graduados. La contra insurgencia, definida por los británicos como una “guerra de oficiales no comisionados”, era directamente opuesta a los bien conocidos aspectos de la doctrina militar soviética, que no alentaba las acciones independientes de los oficiales de bajo nivel. A un nivel táctico, los líderes de pequeñas unidades soviéticas eran fuertemente presionados para enfrentar a los rebeldes. La experiencia soviética demostraba que el éxito a un nivel táctico frecuentemente envolvía maniobras con unidades pequeñas en la noche con el uso de googles de visión nocturna y una gran disciplina para lograr la sorpresa.



Los oficiales junior eran en muchos casos negligentes al mantener la disciplina y la moral en muchas de las unidades. Debido al pobre liderazgo, el 40º ejército sufrió de una falta de disciplina que resultó en una baja moral. Muchos soldados sufrieron de depresiones y comenzaron a abusar de las drogas y del alcohol. Existía un racismo contra la población afgana por lo que las unidades robaban y realizaban crímenes violentos. Muchos soldados asesinaron civiles ó destruyeron villas en venganza por una emboscada ó un camarada caído.

A través de la guerra soviética en Afganistán, más del 33% del personal del 40º ejército fueron afectados por enfermedades infecciosas cada año. De los 620,000 soviéticos desplegados durante el conflicto, 415,932 ó el 67% fueron hospitalizados por algún tipo de enfermedad seria. Éstas enfermedades incluían: hepatitis, fiebre tifoidea, plaga, malaria, cólera, difteria, meningitis, disentería, golpe de calor y neumonía. Un gran número de las bajas por enfermedad eran directamente relacionadas con la mala higiene, mal manejo de las aguas negras ó beber aguas contaminadas.



Un liderazgo activo de un oficial no comisionado profesional podría haber prevenido muchas de las fuentes de enfermedades. Por ejemplo: las tropas soviéticas eran forzadas cotidianamente a beber agua de la fuentes naturales ó de los pozos locales; la calidad de éstas fuentes en muchos casos era baja y contenían altos niveles de bacterias como el tifo y la disentería. Para combatir la proliferación de enfermedades causadas por beber aguas de fuentes locales los soviéticos utilizaron tabletas purificadoras de agua. Éstas tabletas eran efectivas cuando se usaban apropiadamente eran bastante efectivas. Sin embargo, los soldados en muchos casos fallaron en esperar los 30 minutos requeridos para que el agua se purificara mientras que otros encontraban el sabor de las aguas tratadas repulsivo y se rehusaban a beberlas. Muchos de éstas bajas se hubieran prevenido si los líderes de unidades pequeñas hubieran forzado con disciplina a tomar los procedimientos adecuados.

   Proveer de un adecuado apoyo logístico en Afganistán era un problema constante para el 40º ejército. El duro clima y áspero terreno rápidamente acabó con los vehículos y el equipo. Los sistemas de combustible de los vehículos, de enfriamiento y sistema de rodamiento eran particularmente susceptibles a las duras condiciones. Como resultado, el personal de mantenimiento soviético era forzado a acelerar el mantenimiento calendarizado en una gran variedad de armas y vehículos. Aunque el 40º ejército tenía una brigada de soporte para tanques, artillería y vehículos de motores, siempre tuvo una marcada falta de personal de mantenimiento. El inadecuado servicio de mantenimiento dio como resultado en material no listo, mantenimientos no realizados adecuadamente, canibalización de otros vehículos y que los vehículos fueran abandonados.





Muchas de las unidades soviéticas estaban estacionadas en locaciones remotas lejanas a sus bases de suministros. Las unidades logísticas del 40º ejército estaban completamente desplazadas en su capacidad para suplir los suministros a las tropas. Como resultado, las unidades de combate tenían que enfrentar duras faltas  de artículos de primera necesidad. Aparte de que no tenían agua fresca, lo más preocupante era la falta de alimentos frescos.

El cálido clima hizo extremadamente difícil proveer de alimentos frescos, tales como carnes y vegetales, que requerían una capacidad de refrigeración para su almacenamiento y transporte. Las unidades eran rutinariamente alimentadas con una mezcla de enlatados y concentrados alimenticios. Las raciones secas consistían en: 200 grs. de galletas, 250 grs. de carne enlatada, 250 grs. de pescado enlatado, 30 grs. de azúcar y 4 grs. de extracto de frutas. Los alimentos calientes eran proveídos por las unidades de cocina cuando estaban disponibles pero eran una fuente de infecciones por los cocineros no capacitados para alimentar adecuadamente a los hombres.



El terreno montañoso combinado con los desiertos creó unas condiciones especiales para los soldados soviéticos que tenían que soportar calor asfixiante durante el día a bajas alturas y temperaturas congelantes en las noches en las altitudes. Uniformes especiales fueron requeridos para proteger a los soldados de las condiciones climáticas extremas. El uniforme estándar utilizado al principio del conflicto era el estándar para el teatro europeo y probó ser inadecuado para las operaciones en Afganistán.

El clima y terreno en Afganistán demandó de uniformes hechos de materiales livianos y resistentes capaces de proteger a los soldados del frío, viento y humedad. Los soviéticos desarrollaron y usaron uniformes especiales y accesorios pero la cantidad y calidad eran insuficientes. Los soviéticos tuvieron una bolsa de dormir que no proveía suficiente calor ó protección contra la humedad. Las bolsas de dormir pakistanís ó inglesas eran altamente buscadas.


Una de las más notables faltas de equipo eran las botas de montaña. El terreno montañoso destruía las botas regulares en un corto tiempo. Los soldados soviéticos improvisaron utilizando fuentes alternas para adquirir calzado aceptable. “Todos nosotros caminábamos en sandalias virtualmente indestructibles. Eran más confiables que incluso los mejores ADIDAS. Los soldados pagaban por ellos de su propio bolsillo, un par costaba 24 rublos con el Comisario”.



Las mayores lecciones que los soviéticos aprendieron durante la guerra de Afganistán fueron que “es virtualmente imposible derrotar una guerrilla popularcon fuentes seguras de suministros y áreas de descanso; es extremadamente difícil, si no imposible, usar tecnología moderna de armamento para cortar una fuerza de guerrilleros de sus alimentos y otros suministros y el éxito de las técnicas de la pacificación dependía de el gobierno popular y no de las fuerzas militares extranjeras.





El liderazgo soviético completamente desestimó la situación política y militar en Afganistán. Eran incapaces de anticipar las reacciones antisoviéticas que eran generadas en los Estados Unidos y alrededor del mundo. Fallaron en entender a su enemigo y el poder del Nacionalismo Islámico que te tenía el pueblo afgano y que le ayudó a soportar pruebas extremas. Fueron incapaces de prevenir que los Mujahiditas operaran en los santuarios de Pakistán.

El 40º ejército se desplegó a si mismo en un teatro de operaciones terriblemente mal preparado para la guerra que tenían que pelear. Constantemente cortos de personal entrenado, equipo adecuado, el 40º ejército fue forzado a pelear una guerra limitada con objetivos limitados contra una fuerza extremadamente resistente de guerrilleros. A través de los años sin embargo, los soviéticos mejoraron sus tácticas al llevar a cabo operaciones de contra insurgencia. Fueron capaces de introducir y probar nuevas armas y nuevas formaciones de combate y modificar muchas doctrinas militares. Al final, sin embargo, los soviéticos fallaron en alcanzar sus objetivos políticos y militares en Afganistán.

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