"La historia de las guerras
es la historia de la humanidad."
Mexicanos al grito de Guerra: México en la Segunda Guerra Mundial



   La participación de México en la Segunda Guerra Mundial comprendió cuatro aspectos principales:
*El hundimiento, por submarinos alemanes, de seis petroleros y un barco carguero de la flota mercante mexicana, por cuya causa se declaró el estado de guerra con las potencias del eje.
*El envío de 302,775 trabajadores a Estados Unidos (braceros) para cubrir el deficiente de mano de obra norteamericana.
*El enrolamiento de 14,849 mexicanos en el ejército americano.
*La intervención del Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana en las acciones contra los japoneses en Filipinas y Formosa.


*Antecedentes*


   Al expropiarse los bienes de las compañías petroleras, el 18 de marzo de 1938, PEMEX se hizo cargo de un buque-tanque, cinco remolcadores, una draga fija, veinte chalanas con casco de fierro y veinte lanchas de motor con un total de 20,581 toneladas que habían sido propiedad de la compañía San Cristobal. PEMX estaba deseoso de aumentar su magra flota y contrató a los astilleros Ansaldo, de Italia, para que le construyeran tres barcos: El Poza Rica, Minotitlán y el Pánuco; que a la postre fueron incautados por Italia al estallar la guerra. Cuando el conflicto inició, se compraron se compraron el Binta y el Bisca, de bandera noruega con 5,800 y 6,000 toneladas cada uno; renombrados Cerro Azul y Tampico, y el navío alemán Tine Asmussen de 7,064 toneladas que se bautizó como Juan Casiano. Así, a principios de 1941, el tonelaje de PEMEX ascendía a 29,445 toneladas.


   


   El 8 de abril de 1941, el presidente Manuel Ávila Camacho decretó la incautación de los barcos de los estados beligerantes que se encontraban inmovilizados en aguas nacionales. Se aplicó se ése modo, en provecho de un país neutral, el DERECHO DE ANGARIA, según el cual una nación en guerra puede requisar para su propio uso los transportes que estén bajo su jurisdicción y pertenezcan a otro, siempre que los propietarios sean debidamente indemnizados. Las razones que movieron al gobierno de México a dar ése paso fueron la grave perturbación del comercio marítimo que había provocado la contienda, la manera como estaban conduciéndose las hostilidades, ignorando los derechos de los estados neutrales y el casi completo aniquilamiento del comercio marítimo por falta de medios de transporte. “Reconocer a favor del neutral el DERECHO DE ANGARIA –dijo el primer mandatario- es, apenas, una pequeña compensación de las restricciones que, en su perjuicio, ha sufrido el Estatuto de Neutralidad”.



   El 19 de abril siguiente, el contraalmirante Luis Hurtado de Mendoza, con fuerzas del 31º Batallón, se apoderó en Tampico de los siguientes nueve barcos tanque italianos, cuyo nombre nacional y tonelaje se coloca entre paréntesis: 

-Tuscania (Minatitlán 6,900 tons.)
-Vigor (Amatlán 6,500 tons.)
-Genoano (Faja de oro 6,060 tons)
-Americano (Tuxpan 7,000 tons.)
-Lucifero (Potrero del Llano 4,000 tons.)
-Atlas (Las Choapas 2,000 tons.)
-Stelvio (Ébano 6,960 tons.)
-Fede (Poza Rica 7,880 tons.)
Giorgio Fazzo (Pánuco 6,730 tons.)

   En Veracruz fueron requisados los buques alemanes de carga general y pasajeros:
-Orinoco (Puebla 9,000 tons.)
-Hameln (Oaxaca 4,200 tons.)
-Marina O (Tabasco 5,500 tons.)

   Con éstos movimientos el tonelaje bruto de la flota petrolera mexicana subió a 117,591 toneladas y su capacidad de carga a 1.162,000 barriles de crudo.



   Después del ataque a Pearl Harbor por parte de los japoneses a la flota americana, la guerra fue declarada por los americanos y México rompió las relaciones diplomáticas con Japón, Alemania e Italia. El 12 de enero de 1942, el presidente de México expidió un decreto por el cual no habían de considerarse como beligerantes a los Estados Unidos ni a las demás naciones americanas en guerra, permitiéndoseles de ésta forma que sus barcos navegaran por las aguas nacionales.
  
   El 13 de mayo de 1942, a las 11:55 de la noche, fue torpedeado y hundido, en las inmediaciones de Miami el Potrero del Llano por parte del U-boot U-564 bajo el mando del Käpitanleutnant Reinhard Suhren. El barco mexicano llevaba las luces encendidas de modo que fuera visible la bandera mexicana. De los 35 tripulantes 14 murieron.



   El gobierno mexicano de dirigió al de Suecia, a cuyo cuidado se encontraban los intereses mexicanos en Alemania, Italia y Japón, pidiéndole que hiciera llegar la siguiente nota: “Si para el próximo jueves 21 México no ha recibido del país responsable de la agresión una satisfacción completa, así como las garantías de que le serán debidamente cubiertas las indemnizaciones por los daños y perjuicios sufridos, el Gobierno de la República adoptará inmediatamente las medidas que exige el honor nacional”.  El gobierno alemán se rehusó a recibir la nota y los de Italia y Japón no contestaron. El día 20, sin embargo, ocurrió el hundimiento del Faja de Oro cerca de Key West, de los 36 tripulantes murieron 8.


 



*El estado de guerra*



   A proposición del Consejo de Secretarios de Estado, el Presidente de la República declaró que a partir del 22 de mayo de 1942 existía un estado de guerra entre México y las potencias del Eje. El 28 del mismo mes compareció ante el Congreso de la unión para informar de las razones que motivaron ésa decisión y solicitar la convalidación del decreto. Dijo entonces el general Ávila Camacho:

“México, que tras expresar su simpatía por la cauda del pueblo chino, se había opuesto a la guerra de Etiopía y había tendido su mano desinteresada y amiga a la España Republicana; México, que protestó contra la anexión de Austria y contra la ocupación de Checoslovaquia; México, que condenó la violación de la neutralidad de Noruega, de Holanda, de Bélgica y del Gran Ducado de Luxemburgo, así como las campañas contra Grecia, Yugoslavia y Rusia, levantó tambiéb su voz contra el atque a Pearl Harbor y a Manila.
“Y leal al espíritu de los compromisos adquiridos en las conferencias de Panamá y de La habana, rompió desde luego sus relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y Japón”.
“Unidos a los demás pueblos libres de este hemisferio por los vínculos de la amistad panamericana, rotas nuestras relaciones con las potencias imperialistas de Europa y Asia, procurábamos estrechar nuestra solidaridad con las democracias y nos absteníamos de ejercer actos de violencia contra los totalitarios. Los nacionales de Alemania, Italia y Japón, residentes en la República, disfrutaban de todas las garantías que nuestra constitución otorga a los extranjeros. Ninguna autoridad mexicana los molestaba en el ejercicio de sus actividades lícitas; nadie les hizo objeto de persecuciones o de medidas de coacción. En otras circunstancias, hubiéramos podido estimar que nuestra paz no se hallaba amenazada directamente. Sin embargo, sentíamos que, dentro de la red bochornosa en que se ha confrontando la historia de los gobiernos nazifascistas, México podría verse envuelto, y contra su voluntad, el día menos pensado. Por eso organizábamos nuestra defensa y vigilábamos nuestras costas; por eso tomábamos las determinaciones indispensables para incrementar nuestra producción y por eso, en cada discurso, en cada acto p`´ublico, repetíamos la exhortación de vivir alerta y preparados para el ataque que de un momento a otro pudiera sobrevenir. El 13 de mayo, el ataque vino. No decidido y franco, sino desleal, embozado y cobarde, asestado entre las tinieblas y la confianza absoluta de la impunidad. Una semana más tarde se repitió el atentado. Frente a esta reiterada agresión, que vulnera todas las normas del Derecho de Gentes y que implica un ultraje sangriento para nuestra Patria, un pueblo libre y deseoso de mantener sin mancha su ejecutoria cívica, no tiene más que un recurso: el de aceptar valientemente las realidades y declarar que a partir de esta fecha existe un estado de guerra entre nuestro país y Alemania, Italia y Japón”.
“Estas palabras –Estado de Guerra- han dado lugar a interpretaciones tan imprevistas que es menester precisar detalladamente su alcance. Desde luego, hay que eliminar todo motivo de confusión. El estado de guerra es la guerra. Sí, la guerra, con todas sus consecuencias; la guerra, que México hubiera querido proscribir para siempre de los métodos de la convivencia civilizada, pero que en casos como el presente, y en el actual desorden del mundo, constituye el único medio de reafirmar nuestro derecho a la independencia y de conservar intacta la dignidad de la República”.


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   El 26 de junio, a las 11:15 p.m., a unas 40 millas de la barra de Tecolutla, fue torpedeado el Tuxpan y luego atacado con granadas incendiarias por el U-129 del Capitán Witt. Salvo cuatro víctimas, los demás alcanzaron la playa. Al día siguiente, a las 7:22 a.m., corrió igual suerte Las Choapas a 30 millas de la costa hundido también por el U-129. Murieron tres hombres y una mujer que viajaba de polizón. Aun en las lanchas los marinos fueron asediados por el U-boot alemán. El 27 de junio fue hundido a su vez el Oaxaca, a las 4:28 a.m., cuando regresaba de Nueva Orleáns con un saldo de seis muertos. El 4 de septiembre, a las 11:00 p.m., fue echado a pique por tres torpedos el Amatlán con cinco tripulantes muertos. Finalmente, el 19 de octubre de 1944, cuando ya los barcos iban artillados, se hundió el Juan Casiano,  mandado por el Capitán Amado Ramirez V. y como Jefe de Maquinas Zeferino Villasana; la perdida de este navío no ha sido aclarada, pues parece ser que se hundió a consecuencia de una colisión con otro barco, o como consecuencia de los embates de una fuerte tormenta, que ocasionó la muerte de 21 tripulantes, entre ellos el Capitán del barco y el Jefe de Maquinas. México perdió sesenta y tres hombres en el mar durante la guerra y siete barcos.


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   Una vez declarado el estado de guerra, se designó al General Lázaro Cárdenas secretario de la Defensa Nacional. El 31 de agosto entró en vigor la Ley del Servicio Militar Nacional, obligatorio para todos los mexicanos de 18 años de edad, que deberían estar un año en filas y quedar después como reservas.  En Washington, mientras tanto, se crearon la Comisión México-Americana de defensa Conjunta y se aprobó la Ley de Préstamos y Arriendos, en virtud de la cual Estados Unidos podría facilitar a sus aliados material bélico en cantidades ilimitadas y a bajo precio. Durante el desfile del 16 de septiembre de 1942, el pueblo pudo conocer el equipo adquirido en función de aquella ley: tanques, cañones de 105 mm., piezas antitanque, ametralladoras antiaéreas, vehículos ligeros y estaciones de radar; todo lo cual significó el principio de la modernización del ejército mexicano.


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   La aviación y la armada patrullaban las costas, aunque con equipos muy deficientes. El 22 de octubre de 1942 salió a adiestrarse a Estados Unidos el primer contingente de pilotos y mecánicos, en previsión de los nuevos aparatos que serían adquiridos. Simultáneamente se instalaron baterías de cañones de 75 mm. en varias ciudades costeras. El 20 de noviembre desfilaron en la ciudad de México 80,000 ciudadanos militarizados.

   El 22 de enero de 1943 los gobiernos de México y Estados Unidos firmaron un convenio normando el servicio militar de los nacionales de cada país residentes en el otro. En ésa virtud y hasta el término del conflicto, 14,849 mexicanos tomaron parte en la guerra bajo la bandera norteamericana. Algunos de ellos se distinguieron en grado heroico, en especial el Sargento José Mendoza López, ametralladorista que ganó la Medalla de Honor del Congreso de los Estados Unidos y la condecoración Al Mérito Militar en México durante la batalla de las Ardenas. La citación dice:

 Jose M. Lopez
Rango y organización: Sargento U.S. Army 23º infantería. 2º División de Infantería
Lugar y fecha: Cerca de Krinkelt, Bélgica, 17 de diciembre 1944.

Citación:
Bajo su propia iniciativa, llevó su ametralladora pesada del flanco derecho de la Compañía K a su izquierda, para proteger ése flanco que estaba en peligro de ser sobrepasado por las formaciones de infantería enemiga que avanzaban con apoyo de tanques. Ocupando un hoyo expuesto que no le ofrecía protección por encima de su cintura, cegó a un grupo de 10 alemanes. Ignorando el fuego enemigo de un tanque que avanzaba, mantuvo su posición y liquidó a otros 25 infantes alemanes que intentaban cortar su flanco. Echando un vistazo a su derecha, vió un gran número de infantes juntándose y preparándose a asaltarle. Aunque estaba confundido y aturdido por el fuego artillero enemigo que había golpeado la tierra algunos metros cerca de él, se dio cuenta de que su posición sería sobrepasada. Otra vez solo, tomó su ametralladora a una posición inmediatamente en la retaguardia, tanques enemigos e infantería le estaban forzando a retirarse. Arrojado sobre su espalda por una explosión, inmediatamente re alistó su arma y continuó disparando. Él solo mantuvo a raya a la hora alemana hasta que su compañía había logrado retirarse. Nuevamente cargó su arma y una colección de armas pequeñas y corrió a un punto a donde algunos de sus camaradas intentaban poner alguna defensa contra la marea enemiga. Continuó disparando desde ésta posición hasta que agotó su munición. Aún llevaba su ametralladora cuando se incorporó a un pequeño grupo en Krinkelt. La valentía del Sargento López e intrepidez en misiones que parecían suicidas en que él mató a por lo menos 100 enemigos, fueron prácticamente responsables de permitir a la Compañía K de ser cortada y que escapara exitosamente  para apoyar a las fuerzas de apoyo para crear una línea que rechazara los ataques enemigos…


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   Otro soldado que destacó fue el Sargento Guy Gabaldón, nacido en Los Ángeles de padres mexicanos, a quien se le otorgó la Cruz Naval, la Estrella de Plata y el Corazón Púrpura por haber hecho prisioneros a 1,500 japoneses durante las acciones en Saipán. Inspirada en las hazañas de Gabaldón, se filmó la película Del infierno a la Eternidad; se paseó al “pequeño gigante mexicano” por todo el territorio de Estados Unidos, pero se le hostilizó y se le llamó “Espalda Mojada” cuando lanzó su candidatura a diputado por el 19º distrito de California. Más tarde, en un acto de protesta por la brutalidad policiaca ejercida contra los chicanos, devolvió sus medallas al presidente Nixon.


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   La mayor aportación de México al triunfo de las democracias se manifestó, sin embargo, en los frentes del trabajo. Cuando se declaró el estado de guerra, el gobierno de Washington le solicitó al de México su colaboración formal para sustituir con trabajadores migratorios a quienes se encontraban en los campos de batalla, el 4 de agosto de 1942, mediante un intercambio de notas, quedaron establecidas las normas para el trabajo de los mexicanos que fuesen con ése propósito a los Estados Unidos. El 20 de abril de 1942, durante la entrevista que sostuvieron los presidentes Ávila Camacho Y Franklin D. Roosevelt, éste dijo: “Los trabajadores mexicanos están contribuyendo con su actividad y con su destreza a la producción de elementos vitalmente necesarios”. De 1942 a 1945, México aportó al esfuerzo bélico la mano de obra de 302,775 hombres.

 

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*El Escuadrón 201*



   El escuadrón 201 de la Fuerza Aérea fue el único contingente militar mexicano que intervino directamente en la guerra. En marzo de 1943 empezó a prepararse a la opinión pública para que aceptase, llegado el caso, que se mandasen mexicanos a los frentes de batalla: el día 5 se realizaron las primeras maniobras aéreas en la zona de El Peñón, Ávila Camacho aceptó la posibilidad de que la Fuerza Aérea saliese a combatir, si para ello era requerido por los aliados, mencionados ya desde entonces como las naciones unidas.



   El 21 de julio de 1944, cuando los brasileños combatían ya en Italia, se pasó revista a los 300 hombres del Escuadrón 201 en el campo de Balbuena y se convino en enviarlos a un curso de perfeccionamiento a Randolph Field en Texas. La aviación militar mexicana contaba ya entonces con 300 nuevos aviones como:





Vultee B.T.13 y 15, Fairchild P.T.19 y North American A.T.6 para entrenamiento básico, primario y avanzado respectivamente.



Sikorski de observación.




Douglas A24 y Beech Craft A.T.11 para bombardeo en picado los primeros y horizontal los segundos.



Beech Craft A-T.7 de reconocimiento.




Beech Craft U.C.45 y Lockheed C 60 de transporte.



Fairchild U.C. 61 y Stimson L-56.




Cazas Republic P-47 Thunderbolt..

 

El día 27 de diciembre, el presidente Ávila Camacho indicó que aún cuando el concurso de México no había sido requerido  por los países aliados, sentía “el compromiso moral de coadyuvar al triunfo común contra las dictaduras nazifascistas”, pues por modesta que fuera numéricamente esa cooperación. Su alcance simbólico sería muy grande. Fundado en esas razones, solicitó, permiso al Senado de la República para enviar un contingente mexicano a la guerra, y ése cuerpo legislativo, el día 29, señaló con exclusividad, para ese efecto, al Escuadrón 201. Fue designado comandante de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana (FAEM) el coronel Antonio Cárdenas Rodríguez y del Escuadrón el capitán 1° Radamés Gaxiola. El 22 de febrero de 1945, en Major´s Field, Texas, el General Francisco L. Urquizo, subsecretario de la Defensa, abanderó solemnemente al Escuadrón a nombre del gobierno de la República.



Previamente, ambos gobiernos habían convenido que esta unidad de caza fuera manejada como parte integrante del ejército de los Estados Unidos. Sin embargo, el comandante tácito de la fuerza expedicionaria mexicana sería un oficial mexicano, adiestrado para mandas conforme a las normas norteamericanas; la administración y el personal estarían sujetos a los reglamentos y códigos militares mexicanos, pero cualquier miembro del escuadrón podría ser regresado por el comandante del teatro de las operaciones; y y los aparatos llevarían identificaciones regulares de los Estados Unidos, aún cuando la insignia mexicana debería inscribirse en el lugar que se indicara posteriormente. Los haberes y asignaciones, a su vez, deberían pagarse en dólares, proveídos oportunamente por México al Departamento de Guerra de Estados Unidos, para lo cual se hizo un anticipo de 500 mil dólares. El equipo y los artículos iniciales, de reemplazo y de mantenimiento serían cargados al gobierno de México, según el convenio de Préstamo y Arriendo.



El destino que se señaló al Escuadrón 201 fueron las islas Filipinas. La fuerza expedicionaria salió de San Francisco, a bordo del transporte Fairisle, el 27 de marzo y el 30 de abril llegó a la bahía de Manila, después de hacer un largo viaje –aguas del pacífico del norte y del sur, mar del coral, Nueva Guinea, islas Palau, golfo de Leyte, estrecho de Suriago y mares de Mindanao, Sulú y China- para eludir un encuentro con los japoneses. Dice la historia oficial de la FAEM que cuando ésta cruzaba el pacífico, ya los B-29 partiendo de Guam atacaban territorio metropolitano japonés; se bombardeaba Formosa y se había desembarcado en Leyte, ocupado Manila e invadido Okinawa. En los años anteriores, las fuerzas norteamericanas habían recuperado el predominio en el pacífico central y suroccidental, aún cuando en la vasta zona quedaban todavía unos 350 mil japoneses distribuidos en las islas de Malasia –Java, Borneo y Sumatra-, Salomón, Bismarck, Marshall, Carolinas, Palau y Wake. El teatro principal de la guerra se había desplazado al occidente: en Filipinas, las fuerzas aliadas ocupaban sólo una pequeña parte de Luzón –de Dugapán a Manila, Batán y Corregidor-, y la mayor parte del archipiélago estaba en poder del enemigo.


 Antes de que la FAEM entrara en acción ocurrieron dos importantes acontecimientos mundiales: el 12 de abril de 1945 murió el presidente Roosevelt, en su finca de Warm Springs y el 7 de mayo siguiente, pocos días después de que el Ejército Rojo hubiera entrado a Berlín e izado la bandera roja en el Reichstag, el conde Ludwig Scherin von Kronsig anunció la rendición de todas las fuerzas alemanas.



La FAEM se estableció en Clark Field, adscrita al comando de la 5° Fuerza Aérea de Estados Unidos. Las primeras misiones se efectuaron el 7 de junio, contra las baterías japonesas del valle de Cayagán. En los días subsecuentes, los pilotos mexicanos cubrieron una ala de las formaciones ofensivas, y el primer ataque independiente lo realizaron en la zona de Isanda, 12 kilómetros al interior de la costa sureste de Luzón. Los mexicanos manejaron sus Thunderbolts, en apoyo de la infantería, sobre un área boscosa y agreste donde el enemigo hacía fuego desde la boca de sus cuevas. El 14 de junio, seis aparatos del Escuadrón operaron en la presa de Marikina, al oriente de Manila, y el día 28 ocurrió el más violento combate sobre la zona de Infante. Los mexicanos habían comenzado a atacar las posiciones japonesas en Formosa, cuando el 6 de agosto el B-29 Enola Gay arrojó la primera bomba atómica sobre la ciudad desarmada de Hiroshima y el 9 de agosto sobre Nagasaki. A causa de éstos hechos, que presagiaban el exterminio total, Japón se rindió sin condiciones el día 14 del mismo mes.



Hasta el 10 de agosto, murieron en misión de guerra los siguientes miembros del Escuadrón 201: subtenientes Fausto Vega Santander y Mario López Portillo, tenientes José Espinosa Fuentes y Héctor Espinosa Galván y el Capitán segundo Pedro Luis Rivas Martínez.


 


 


El 15 de agosto se celebró la victoria de las democracias con una concentración popular en el zócalo de la Ciudad de México, y el 27, una vez cumplida su misión como soldado, renunció a la Secretaría de la Defensa Nacional el general Lázaro Cárdenas. El 23 de octubre salió el Escuadrón 201 de Manila y llegó a San Pedro California el 13 de noviembre. Sus miembros entraron a territorio mexicano el día 16 siguiente, por Nuevo Laredo y el 17 llegaron a la capital mexicana, donde devolvieron al Presidente, victoriosa, la bandera que habían llevado consigo.



El general Henry H. Arnold, comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas Aliadas, había dicho dos semanas antes, en ocasión de su visita a la ciudad de México: “Los pilotos de la FAEM emplearon sus bombas de fragmentación y de fuego, contra columnas enemigas de soldados en marcha, contra la artillería y contra tanques y camiones. Debemos reconocerles el mérito de haber puesto completamente fuera de combate a unos treinta mil japoneses. Más tarde hicieron siete vuelos sobre Formosa, prestando así valiosísimo concurso durante esas operaciones, que precedieron a nuestro avance sobre las islas Riukiu al sur del Japón”.



El general Francisco L. Urquizo, subsecretario de la Defensa Nacional durante la guerra, hizo un resúmen de los hechos a que dio ocasión el conflicto: “México proporcionó a su inmediato aliado, los Estados Unidos, miles de braceros para que fueran a cultivar sus campos, sustituyendo a los hombres que fueron movilizados. Permitió que miles de ciudadanos mexicanos se enrolaran en las fuerzas armadas aliadas. Produjo en sus factorías militares, en grandes cantidades, el explosivo T.N.T. y cartuchos para armas portátiles y los facilitó al ejército norteamericano. Cuidó de sus litorales y de su territorio, con sus propios elementos militares, permitiendo de esa manera que los Estados Unidos se desatendieran de sus flancos y pudieran disponer de todas sus fuerzas para enviarlas íntegras a los frentes de batalla. Y finalmente, envío a la lucha real a una parte de su fuerza aérea”.



Además. El ejército mejoró considerablemente: se puso en vigor el Servicio Militar Nacional, obligatorio para todos los jóvenes de 18 años de edad; se construyeron campos militares con cuarteles amplios e higiénicos; la Intendencia dejó de ser una oficina de trámite y se convirtió en un servicio eficiente de alimentación, vestuario y equipo; se adquirieron vehículos, ametralladoras antiaéreas y morteros de grueso calibre, obuses de 155 mm. y anticarros; la FAM llegó a contar con más de 300 aparatos; se puso al día el servicio de transmisiones; se inauguró el Hospital Militar; se crearon de modo permanente,  las divisiones, los regimientos de infantería, la brigada motomecanizada, la artillería de costa, las escuelas de conductores de vehículos y de artificios, los grupos de asalto y los paracaidistas; se instituyó el seguro de vida para los militares y se logró, al parecer definitivamente, alejar al ejército de la política.


-Monumento al Sargento José M. López-

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