"La historia de las guerras
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Soldados de la fortaleza: La grande Armee de 1812 en Rusia


*Artículo del Mayor James T. Mc Ghee. Traducción e ilustraciones de Ignacio Romero*


   La subida al poder de Napoleón se debió en una gran parte a sus éxitos militares. Sus remarcables victorias sobre los ejércitos combinados de Europa le ganaron reconocimiento y gloria como general y, finalmente, como emperador. Sin embargo, a través de  las muchas difíciles y sangrientas campañas, fueron los soldados sirviendo bajo Napoleón y el Gran Ejército y sus sacrificios los que proveyeron a Napoleón su poder sobre Europa. Napoleón no esperaba menos de sus tropas. Los presionó más allá del límite de lo humano para alcanzar una victoria total sobre sus enemigos. De acuerdo a Napoleón: “la primera calificación de un soldado es la fortaleza bajo la fatiga y la privación. El valor es solamente la segunda; las penalidades, pobreza y el querer son las mejores escuelas para un soldado.”  En 1812, Napoleón se embarcó  en una campaña que probaría los límites de éstos calificativos en sus soldados. Aquellos que soportaron la brutal marcha de la Campaña Rusa de Napoleón de 1812 y sobrevivieron podrían ser considerados, muy ciertamente con los estándares de Napoleón, como los más calificados soldados en la historia de la guerra.


 

   El 31 de diciembre de 1810, el Zar de Rusia emitió un decreto que rompió la alianza con Francia y amenazó con destruir el sistema continental de Napoleón y su estrategia de guerra económica contra Inglaterra. Napoleón inmediatamente comenzó a organizar un nuevo Grande Armeé lo suficientemente grande para asegurar una aplastante victoria sobre el ejército del Zar. Napoleón tenía inmensos recursos a su disposición. Su influencia colectó hombres y materiales por toda Europa incluyendo: Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Italia, Prusia, Austria, Dinamarca, Suiza y el Gran Ducado de Varsovia. Aunque los recursos  difieren, Connelly declara que “para junio de 1812 Napoleón tenía un ejército de 611,000 hombres con 2,000 cañones y 250,000 caballos.”




   Para derrotar al Zar, Napoleón intentó usar su probada estrategia de forzar a sus oponentes a encararle en una batalla decisiva de aniquilación diseñada para derrotar la capacidad el enemigo y su voluntad de resistir, por lo tanto evitaba la necesidad de capturar objetivos geográficos  ó la capital rusa. No era su intención tener que marchar al interior de Rusia para completar sus objetivos. Sin embargo, Napoleón ordenó una gran cantidad de preparaciones logísticas en Prusia para soportar su avance. Solamente en Danzig Napoleón concentró raciones para mantener a 400,000 hombres y 50,000 caballos por 50 días. Esto consistía en millones de libras de arroz, trigo y avena. Casi 1,500 carretas y 50,000 caballos eran necesarios para transportas éstos suministros. Las raciones de carne deberían ser proveídas por los animales que encontraran en el camino.



France, 1805-1814


   Las fuerzas principales de Napoleón, vestidas magníficamente y cantando gloriosas marchas, cruzaron los puentes sobre el río Nieven entre el 24 y el 25 de junio y se movieron inmediatamente hacia la ciudad de Kovno. El opresivo calor caracterizó el clima ruso en junio. Los efectos del calor eran exacerbados por los uniformes y el equipo llevado por los soldados. Aunque los uniformes dentro del “ejército de las veinte naciones” de Napoleón variaban considerablemente, eran generalmente de un color obscuro azul ó gris y estaban hechos en lana. Éstos uniformes absorbían el intenso calor haciéndolo aún más insoportable para los soldados. La pesada carga llevada por los soldados individuales también podría drenar la fuerza de un hombre y sus resistencia. Un infante francés completamente  equipado cargaba un promedio de 60 libras. Esto consistía típicamente en su uniforme básico, su rifle, equipo incluyendo una bayoneta, cantimplora, una cartuchera con 60 rondas de munición, una manta, una mochila con dos camisas, dos pares de zapatos, unos pantalones y polainas, utensilios para comer, artículos personales y raciones para cuatro días. Habían sin embargo numerosas variaciones en el equipo a través de los diferentes ejércitos nacionales dentro del Grande Armeé. Por ejemplo la Guardia Imperial llevaba su uniforme completo, lo que añadía otras cinco libras a su carga. El equipo adicional como las hachas de mano y los utensilios de cocina también eran cargadas a individuos específicos. Sin embargo, las casas de campaña individuales ya no se asignaron a la tropa. De acuerdo a Napoleón: “Las carpas no son favorables para la salud. El soldado es mejor cuando acampaña al natural porque él duerme con sus pies al fuego, que rápidamente seca el suelo en que yace. Algunas ramas y hojas le protegerán del viento.” La falta de abrigos en Rusia probarían ser un factor crítico en los meses venideros.



France, 1805-1814

   El considerable calor creado por las muy secas condiciones ambientales en los caminos soportaron el paso de cientos de miles de hombres, caballos, carretas y cañones. Enormes nubes de polvo se levantaron de los secos caminos de Rusia, cubriendo a todos los que viajaban en ellos.  El polvo y el calor eran opresivos y tortuosos. El Teniente Kart von Suckow describe la marcha: “De todas las terribles cosas que teníamos que soportar, una de las más insoportables era el grueso polvo que nos rodeaba en la marcha, en gran parte del camino en un clima muy seco… Recuerdo que en una etapa, para evitar que cualquiera tomara el camino erróneo, un tambor avanzaba al frente de cada batallón y su trabajo era tocar todo el tiempo. Éste hecho indica cuán densas eran las nubes de polvo aquí.” Un oficial y veterano de la campaña de la península de España reportó: “Debo admitir que nunca había estado tan preocupado por el calor en la península como lo hice en el calor de las marchas en Rusia durante el verano de 1812. El aire en todo el camino era como en un horno, opresivamente caliente y no permitía el menor asomo del viento. Si uno era demasiado infortunado para ser capturado entre las carretas, debías soportar las terribles nubes de polvo a la muy lenta velocidad de los animales y tenías que permanecer por horas sin tener la posibilidad de escapar y hasta de sofocarte. Ojos, naríz, boca y oídos eran con frecuencia cubiertos con granos de arena y se parecía haber perdido el uso de los sentidos. El polvo se impregnaba tánto en mi uniforme que parecía no haber ningún rastro de su color original. “


   A través del insoportable calor y el sofocante polvo, el ejército marchó rutinariamente de 10 a 12 millas diarias. Un incremento en la capacidad de marcha podría alcanzar el doble de la distancia recorrida. El capitán Roeder reporta en sus memorias una marcha desde las seis de la mañana hasta las siete de la noche. Los franceses rutinariamente sólo daban pequeños descansos durante la marcha. Los soldados recibían tradicionalmente sólo 5 minutos cada hora y solamente 30 minutos después de haber alcanzado 30 kilómetros. Después de cinco días de marcha se les daba uno de descanso.



   Para muchos, el polvo combinado con el calor, el peso de su mochila y la velocidad y distancias de la marcha eran demasiado exhaustivos para permitirles continuar. Soldados y caballos comenzaron a morir por cientos casi inmediatamente por cansancio y deshidratación debido a la disentería.



   El alivio de las condiciones extremas de calor y polvo llegaron el 28 de junio en forma de severas tormentas eléctricas. Sin embargo, el alivio de los baños dio como resultado en temperaturas más bajas y el agua fresca trajo pronto más desesperación. A los soldados les faltaba cualquier tipo de ropa que les protegiera de la punzante lluvia. Sus uniformes se tornaron completamente mojados, añadió más malestares y peso a sus ya pesadas cargas. La lluvia también trajo con ella frías temperaturas para las que muchos estaban no preparados. Aquellos hombres como el Teniente Suckow, sufrieron del calor de los días anteriores ahora sufrían en el frío, muchos habían descartado el exceso de ropa incluyendo la interior. El sargento Jean-Roch Coignet de la Guardia Imperial estaba presente cuando el clima cambió: “El 29 de junio una violenta tormenta se soltó. Ésta fue tan intensa que tuvimos grandes problemas para controlar a nuestros caballos y se tornó necesario amarrarlos a las ruedas de las carretas. Estaba medio muerto del frío e incapaz de permanecer de pié. Abrí una de las carretas y me refugié dentro. A la siguiente mañana una estremecedora escena captaron mis ojos: el terreno se hallaba cubierto de caballos muertos por el frío. Al alcanzar el camino hallé algunos soldados muertos que no fueron capaces de soportar la tormenta y esto desmoralizó enormemente a nuestras tropas.”



   Las tormentas también cambiaron los secos, polvorientos caminos en un mar de lodo y los fértiles campos que se usaban para acampar en lagos de barro. Los hombres resbalaban y caían ó se estancaban en ése viscoso lodo. Los uniformes que antes estaban cubiertos de polvo, después enjuagados por las lluvias, ahora se hallaban cubiertos con el pegajoso fango de Rusia.  El Capitán Roedor recuerda una noche: “La noche era intensamente obscura. Estábamos mojados hasta los huesos e incapaces de ver un lugar para descansar, un lugar limpio ó en la suciedad de nuestros predecesores. Yo mismo me acosté en la proximidad de un caballo muerto. Me enrollé en mi manta con mi capa debajo”. Los lodosos caminos impidieron viajar al atascarse las carretas y la artillería. A lo largo de los caminos se comenzaron a abandonar vehículos y cañones debido a la pérdida de los caballos que las arrastraban. Las dificultades venideras no podrían mantener las marchas del ejército y comenzaron a dejar atrás a quienes no mantenían el paso. La comida comenzó a escasear y el hambre se extendió en todo el ejército.



     Para combatir la carencia del sistema de suministros los soldados comenzaron a explorar el campo en busca de comida, caballos y quizá una botella de vino. Éstas búsquedas no eran prohibidas. A pesar de las inmensas preparaciones logísticas, se esperaba que el ejército saqueara. Jacob Walter escribió: “nosotros creíamos que una vez que estuviésemos en Rusia no haríamos otra cosa más que saquear.” El experto napoleónico y autor Günther Rothenberg explica: “ A pesar de su pronunciación muy citada que –un ejército marcha sobre su estómago- Napoleón permaneció como un improvisador. Él nunca se liberó de su experiencia en la primera campaña italiana en que un pequeño y bien entrenado ejército, moviéndose rápidamente en una rica campiña había logrado mantenerse de los recursos locales y suministros capturados.”



   Los soldados se volvieron expertos saqueadores. Éstas expediciones probarían ser exitosas dependiendo de la localización de la expedición, las tropas que la llevaban a cabo y sus persistencia. Aquellos localizados al frente de la columna de marcha tendían a ser mejores que los de al medio mientras los de la parte trasera llevaban los vagones de suministro. La campiña rusa no era más rica que otros países europeos pero era capáz de mantener a un ejército. Desafortunadamente para los hombres de Napoleón, se hallaba manteniendo al ejército ruso que se retiraba ante el avance de Napoleón. “Era una práctica común en la retaguarda rusa quemar todas la villas al abandonarlas. Lo que podia ser usado para la subsistencia era rápidamente usado y, por lo tanto, nada quedaba atrás. Esto se convirtió en una práctica deliberada que se extendió desde los pueblos pequeños hasta las ciudades.” Ésta destrucción forzó a los ciudadanos rusos temer a los soldados rusos tánto como a los franceses, forzándoles a ocultar sus vituallas en los bosques ó enterrarlas para mantenerlas a salvo.  Al entrar los soldados franceses a los pueblos usualmente no encintraban nada, Pero una búsqueda persistente obtenía con frecuencia algo de valor.  Una búsqueda realizada por Jakob Walter descubrió tales cosas “era necesario levanter los pisos y voltear todo lo que estuviera cubierto para encontrar algo. Debajo de uno de ésos pisos, encontramos descansando inmensas ollas llenas de salchichas de unos tres ó cuatro pies de largo, llenas con piezas de tocino y carne de una pulgada de grueso. También encontramos ollas llenas de quesos.  En otra villa no encontramos nada en las casa; por lo tanto, presionados por nuestra hambre, cavamos en la tierra. Aquí encontramos largas pilas de madera que probablemente recién había sido colocada ahí. Las removimos y encontramos jarrones llenos de miel y de trigo, todo cubierto de paja.” Los éxitos de éste tipo ayudaron a mantener en mucho al ejército de Napoleón, pero no liberaron de la gran miseria a las masas de hombres y caballos.



   Siguiendo a una permanencia de dos semanas en Vilna, el 16 de julio Napoleón ordenó marchar a sus tropas hacia Vitebsk. El bienvenido descanso en Vilna proveyó al sistema de suministro de las tropas una oportunidad de dar a los soldados algunas raciones. Los hombres del capitán Roedor fueron proveídos con 16 rebanadas de pan.  Sin embargo muchos soldados vendieron el pan por estar “menos temerosos de colapsar por el hambre que por el cansancio.” El asfixiante calor de julio, combinado con el miserable polvo, insectos chupasangre y el exhaustante paso de las marchas continuaron devastando las filas del ejército de Napoleón.   


France, 1812


   Aquellos soldados que marcharon en medio ó al final de las columnas con frecuencia tenían que avanzar sobre los cadáveres de aquellos hombres y caballos que habían caído. La vista del camino es recordada nuevamente por el capitán Roeder “vimos unos 3,000 caballos yaciendo a los lados del camino, superados por la fatiga ó la mala alimentación; la mayoría fueron alimentados con maíz verde. También se vislumbraban putrefactos cadáveres humanos, que en ésta temporada del año hacían un nauseabundo ambiente. En algunos tramos del camino debía contener mi respiración para no vomitar mi hígado y pulmones; includes debía arrollidarmehasta que la necesidad de vomitar había pasado.”


France, 1812


   La carestía de agua afectó a miles. Los pozos encontrados a lo largo de la ruta con frecuencia se hallaban vacíos por haber mitigado la sed de aquellos que llegaron primero, dejándoles nada a aquellos que iban detrás. Con mucha frecuencia los rusos secaban los pozos antes de retirarse. Muchos soldados bebían de pútridos pozos solo par descubrir después restos de cadáveres humanos ó de caballos dejados como sorpresa por los rusos. Para muchos, el agua sólo podía ser encontrada en áreas bajas ó pantanos. De acuerdo a Walter: “para obtener agua para beber y cocinar, se cavaban hoyos  en los pantanos con tres pies de profundidad en los cuales se colectaba el agua. El agua estaba muy caliente, sin embargo, llena de millones de gusanillos rojos así que tenía que ser vaciada en trozos de lino y chupada con los labios. Esto era, por supuesto, sumamente necesario para nosotros.” Miles se enfermaron por beber agua contaminada y desarrollaron una severa disentería. Otro marcharon sin agua hasta que cayeron víctimas del calor, el cansancio ó la deshidratación.



   Napoleón aseguró a su ejército que tomarían un descanso en Vitebsk, ésto hizo poco por liberar de sufrimientos a sus hombres. Un civil desarmado que viajaba con el ejército como pintor escribió sobre las condiciones del ejército en julio: “Los caballos con frecuencia se estremecían y caían. Columnas completas de cientos de éstas pobres bestias tenían que ser guiadas en las más penosas condiciones, con heridas sangrantes y llenas de pus. Habían perdido todo su peso hasta las costillas y parecían una clara imagen de la miseria. Ya a mediados de julio el ejército se encontraba en éste estado!. Estoy comenzando a descorazonarme. Dos meses completos en marcha y para qué propósito?. Y a través de qué país?. Me exaspera el verme obligado a desperdiciar el tiempo que me dio Dios tan inútilmente.” Muchos hombres habían alcanzado el fin de su resistencia física y mental y no podían soportar más. El suicido se convirtió en un escape común escogido por muchos. El teniente Suckow recuerda: “cientos se mataban a sí mismos sintiéndose no ser capaces de soportar tan dura prueba. Todos los días uno escuchaba disparos aislados que salían de los bosques cercanos al camino.”


France, 1812


   Napoleón entró a Vitebsk sin oposición el 29 de julio, los rusos se retiraban y nuevamente le negaban a Napoleón la batalla decisiva que tan urgentemente buscaba. La destrucción de la fuerza principal del enemigo, más que la ocupación de territorio ó la captura de la capital del enemigo seguía siendo el principal objetivo de Napoleón. Sin embargo, si el enemigo continuaba eludiendo la destrucción y si era capáz de retirarse en las interminables profundidades de la Madre Rusia, entonces Napoleón tendría severos problemas. Cada milla que Napoleón avanzaba debito mientras le permitía a los rusos acercarse a sus reservas de hombres y suministros.


France, 1812


   Los rusos se habían retirado a la Antigua, amurallada, ciudad de Smolensko donde intentarían hacerle frente a Napoleón. Napoleón, viendo la oportunidad de enfrentar a los rusos en una batalla decisiva ordenó a su ejército marchar hacia Smolensko. Él necesitaba su victoria al seguir el deterioro de su ejército. Sus oficiales comenzaron a dudar de las ganancias de continuar la campaña. El 11 de agosto, al acercarse el ejército a Smolensko, el  General Erasmus Deroy, comandante de la 19° División envió un reporte de vuelta al Rey de Bavaria anunciando: “la comida es mala y los zapatos, camisas, pantalones y polainas están tan deshechas que la mayoría de los hombres caminan ahora en harapos ó completamente descalzos.  Además, lamento decirle Su Majestad, que éste estado de cosas ha producido una seria relajación de la disciplina y hay tal plaga de espíritu de depresión, decepción, descontento, desobediencia e insubodirnación que uno no puede sugerir qué pasará.”



   El 16 de agosto las tropas francesas comenzaron a tomar posición en un semicírculo alrededor de la ciudad en preparación para su ataque. La batalla principal tomó lugar el 17 de agosto. Los rusos opusieron una dura resistencia en muchos frentes pero fueron obligados a retirarse al encarar la infantería avanzante y el devastador fuego de artillería. Los franceses descubrieron en la mañana del 18 que todo el ejército ruso había evacuado la ciudad durante la noche y formó posiciones al otro lado del río Dnieper. Él perdió entre 8 y 9 mil hombres durante la batalla y tres cuartas partes de la ciudad se hallaba en llamas y destruida. Las pérdidas rusas también fueron altas con unos 7,000 cuerpos encontrados en el campo de batalla. 
   La batalla en Smolensko no proveyó a Napoleón con la v ictoria decisiva que desesperadamente necesitaba. Tenía que decidir perseguir a los rusos a Moscú, de ser necesario, ó permanecer en la ya devastada ciudad de Smolensko. La fuerza combativa de su ejército había caído a 150,000 soldados, perdiendo una gran parte durante la marcha.  Un Mayor de Wurttenberg describió al Capitán Roedor los efectos de la marcha y la batalla se Smolensko en su regimiento: “Cuando dejamos casa teníamos 7,200 infantes, pero sin pelear una sola batalla para cuando llegamos a Smolensko no podíamos alinear a más de 1,500 hombres; como resultado de la batalla de Smolensko perdimos a otro tercio de nuestros hombres por lo que sólo quedamos 900 ó 1,000.”



   La urgencia de continuar y derrotar al enemigo probó ser demasiado grande para que Napoleón lo superara. En el pasado nunca había fallado al derrotar a sus oponentes en una campaña y ésta no sería diferente. Él decidió continuar su marcha hacia Moscú otras 310 millas más lejos.


France, 1812


   El camino hacia Moscú le llevó a través de las ciudades de Dorogobush, Semlevo, Viazma y Gzatsk. La absoluta miseria y pobreza continuaron… Walter describió:

  “La marcha hasta ahí, había sido una marcha indescriptible e inconcebible para todos aquellos que no la vieron. El gran calor, el polvo que era como una gruesa niebla, la cerrada línea de marcha en columnas y la pútrida agua sacada de hoyos llenos de gente muerta; todo nos llevó cerca de la muerte: dolor de ojos, fatiga, sed y hambre nos atormentaba. Dios!. Con qué frecuencia recordaba el pan y la cerveza que había disfrutado en cada con tan indiferente placer!. Ahora, sin embargo, debo luchar medio salvaje, con la vida y la muerte. Qué tan felizmente renunciaría por toda mi vida la comida caliente si tan sólo ahora tuviera ése buen pan y cerveza en  éste momento!.  Ya no lo desearía por toda mi vida. Pero éstos eran pensamientos inútiles.  Sí, también el pensar en mis hermanos y hermanas tan lejos se sumaba a mi dolor!. A donde volteara mi vista, veía soldados con caras desesperadas y muertas. Muchos lloraban en la desesperación –Si tan sólo mi madre no me hubiera enlistado!- Algunos de los más desmoralizados maldecían a sus padres y su nacimiento.” Napoleón alcanzó la ciudad de Gzatsk el 1° de septiembre. Ahí el número de los soldados que salieron de Smolensko de 150,000 había bajado a 133,000. Sin embargo, a la llegada de Napoleón a la ciudad, su humor se hallaba de lo mejor. Los exploradores regresaron para reportar que los rusos se preparaban para la batalla cerca de la ciudad de Borodinó.


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   Napoleón permitió durante tres días que sus vagones de suministros continuaran avanzando y planeó su ataque. El 4 de septiembre su ejército marchó a Borodinó y para el atardecer del 6 los dos ejércitos se encararon. Las órdenes fueron dadas por Napoléon para atacar el 7. A las 02:00 una proclamación de Napoleón fue leída a las tropas: “Ésta en la batalla que han anhelado!. Ahora la victoria depende de su necesidad de ésta. Les dará abundancia, aposentos de invierno y un temprano retorno a casa.” A las 06:00 más de 500 cañones comenzaron a rugir.




   La batalla de Borodinó fue una de violencia y confusión. Fue peleada amargamente en ambos bandos. El combate fue con frecuencia mano a mano y el número de bajas fue severo. El capitán Charles Francios sirvió en la 1° división y tomó parte en la batalla: “Se le ordenó a nuestro regimiento avanzar. Fuimos rociados con metralla de ésa batería y otras varias que la flanqueaban  pero nada nos detuvo. Filas completas, mitades de pelotones incluso, cayeron bajo el fuego del enemigo y dejó grandes huecos. Una línea rusa trató de detenernos pero a treinta yardas les disparamos y los pasamos. Entonces nos colamos a través de las fortificaciones y escalamos los promontorios. Los artilleros rusos nos  recibieron con zapapicos y martillos y les combatimos mano a mano. Ellos eran unos formidables oponentes. Había pasado por más de una campaña pero nunca me había hallado en tal sangriento combate y contra tan tenaces soldados como los rusos.” Se argüía que la victoria total estaba en las garras de Napoleón pero caviló y falló en alcanzar el premio. Los rusos comenzaron a retroceder pero era demasiado tarde para que Napoleón previniera su retirada. Ésa noche los rusos lograron una apretada retirada del campo de batalla. Napoleón era el vencedor pero a un horrible costo. Las bajas francesas iban de 28,000 a 31,000 hombres incluyendo a 47 generales. Las bajas rusas fueron aún más grandes, llegando iuncluso hasta 45,000.0 El camino a Moscú estaba abierto pero el ejército ruso se hallaba intacto y Napoleón no estaba más cerca de la victoria.




   Aquellos hombres que fueron muertos en Borodinó fueron quizás los más afortunados; los sobrevivientes no podrían saber la miseria que les esperaba en el futuro. Sin embargo los que más sufrieron fueron los heridos. Los servicios médicos de la época eran arcaicos. Muchos de los heridos eran abandonados en el campo de batalla por días, otros lograban llegar al hospital por ellos mismos. Aquellos removidos del campo con frecuencia debían soportar un agonizante viaje en una carreta. En los hospitales había poco conocimiento de la higiene, los antibióticos no existían y el tratamiento más usado para severas heridas era la amputación.


France, 1812


   Los pacientes yacen en los hospitales soportando no sólo el dolor de sus heridas sino que también, la sed, las moscas, el llanto de los vivos y la peste de los muertos. Una vívida descripción de las condiciones viene de las recolecciones de un joven comisario, Aleandre Bellot de Kergorre: “Cuando comencé con mis deberes tenía que cuidar las necesidades de los hospitales. Éstos contenían a 3,000 pacientes que estaban en dos casas hechas de piedra. Nuestros pobres, desafortunados heridos morían de hambre y sed. Eran vendados con heno debido a la falta de algodón y lino y ellos se quejaban terriblemente. Durante los primeros días sobrevivieron con los pocos granos que pudieron hallar en el piso y las cercanías y la poca harina que yo era capaz de darles. La ausencia de velas era una terrible privación. Una estremecedora cosa era la imposibilidad de remover los muertos de entre los vivos. El hospital no solamente se hallaba llenos de cadáveres sino que también las calles y un gran número de casas. Después de atender a los que podrían sobrevivir, usé algunos carros para remover los cadáveres del hospital. Yo mismo retiré a 128 que habían servido como almohadas a los enfermos desde hace varios días.”


   Los rusos se retiraron de vuelta a Moscú a donde consideraron hacer frente nuevamente a Napoleón para defender la antigua capital. Sin embargo, el comandante ruso, Kutuzov, intuyendo que la supervivencia del ejército era más importante que la defensa de la ciudad, decidió no defender Moscú. “Tienen miedo de retirarse a través de Moscú, pero yo considero que es la única forma de salvar al ejército. Napoleón es un torrente que somos incapaces de dirigir. Moscú será la esponja que lo deje seco.”  



   El 14 de septiembre Napoleón entró a Moscú, encontrando una ciudad completamente sin defensa y casi desierta. El ejército tenía estrictas órdenes de no pillar, pero los hombres no podían ser controlados y robaron casas y palacios. Dos días después los incendios arrasaron Moscú por tres días, calcinando cuatro quintas partes de la ciudad. A pesar de la inmensa destrucción de los incendios, los soldados fueron capaces de encontrar en abundancia vegetales, conservas, azúcar y alcohol. La carestía de carne y pan permaneció. Walter recuerda: “Aquí uno podía encontrar y comprar provisiones, ahora todo soldado era un ciudadano, mercader, mantenimiento y pastelero de Moscú. Sedas y pieles de Marruecos eran abundantes. Tampoco había problemas en la comida. Quien quiera que no hallara algo, podría comprar algunos vegetales en cantidad suficiente en las granjas. Aún hacía un buen clima y uno podía mantenerse caliente bajo un abrigo durante las noches.”

   Napoleón trabajó fervientemente en tratar de firmar un tratado con el Zar ya que creía que éste estaba listo para negociar una paz. Por cuatro semanas Napoleón caviló en Moscú mientras sus intentos fallaron. Ignorando los avisos de que el invierno se acercaba, Napoleón consideró sus opciones. No podría guarecer a sus tropas contra el invierno en Moscú y sus mariscales se oponían a una marcha a  San Petersburgo. El clima se tornó mucho más frío.  Aguanieve y nieve comenzó a caer. El invierno ruso se aproximaba rápidamente. El ejército nuevamente comenzó a deteriorarse por los efectos de la exposición al frío y clima húmedo; las enfermedades mataron a cientos de hombres y miles de harto necesarios caballos. El Emperador Alexander se rehusó a firmar una paz dejando a Napoleón sin otra opción que la de retirarse. Los objetivos de su campaña eran inalcanzables y una falla  por todo haber sido calculado sobre la destrucción del ejército ruso y una paz negociada.


   Napoleón decidió hacer una retirada estratégica de Moscú y moverse hacia el sur, hacia Kaluga. Al tomar ésta ruta, Napoleón esperaba viajar a través de ciudades que no habían sido saqueadas ó devastadas. El ejército comenzó a abandonas Moscú el 19 de octubre de 1812. La gran retirada de Moscú había comenzado.



   Los preparativos fueron hechos y 100,000 soldados dejaron Moscú arrastrando unos 40,000 vagones y carretas, muchos llenos de las riquezas de Moscú más que con provisiones necesarias para la marcha. “Por casi 40 millas tuve que rebasar la procesión de vehículos arrastrados por caballos.” Anotó el Coronel Conde Roguet. “Cada uno estaba cargado con equipaje inútil.”. Algunos soldados como Jacob Walter hicieron mejores preparaciones para la marcha. Walter dice: “Me puse un sombrero redondo, envolví mi cabeza con seda y trapos, mis pies con un grueso paño de lana. Tenía dos camisas y dos chalecos y sobre eso un gran abrigo ruso que había cambiado por el mío en Smolensko durante el viaje en Rusia. Sobre todo esto usaba una gruesa piel.”




   El ejército ruso se movió para cortar la ruta de Napoleón y permanecieron firmes en la ciudad de Maloyaroslayets. Una dura batalla se llevó a cabo y ambos bandos sufrieron duras pérdidas con los rusos perdiendo cerca de 7,000 soldados y los franceses unos 4,000. Napoleón se dió cuenta de que para moverse al sur su ejército encontraría más dura resistencia. Tomó la fatídica decisión de seguir la misma por la que avanzó hacia Moscú. Los rusos en retirada ya habían quemado ésta ruta y los franceses habían agotado lo que había sobrado. El 25 de octubre el ejército francés abandonó Maloyaroslavets con 96,000 soldados.





El invierno ruso llegó con toda su severidad el 6 de noviembre. Un inimaginable sufrimiento sobrecogió al ejército. Hielo y nieve cubrió los caminos hacienda el transporte prácticamente imposbile. Los caballos resbalaban en el hielo y no podían ser levantados nuevamente. Los hombres comenzaron a morir por la exposición, congelamiento hasta la muerte donde caían al descender la temperatura a 17° bajo cero. El hambre nuevamente comenzó a devastar las filas. Partidas de saqueo dejaban la columna principal en busca de comida sólo para ser rechazados, muertos ó capturados por los cosacos rusos. “Los soldados sabían que había mucho que comer si tan sólo pudieran moverse a la izquierda ó la derecha, pero eran rechazados en ambas direcciones por los jinetes cosacos que sabían que lo único que debían hacer era cabalgar ya que de matar se encargaría el General Invierno. Confinados al gran camino, todo el ejército prácticamente solo vivía de carne de caballo.”




   Muchos encararon los riesgos de dejar el camino para saquear. Aquellos soldados capturados por los rusos recibieron poca piedad. Con mucha frecuencia suplicaban a sus captores que les mataran y terminaran con su miseria. Pero la venganza demanda sufrimiento y muy pocos cumplieron sus deseos de una muerte rápida. Los prisioneros eran con frecuencia desnudados y obligados a marchar a temperaturas bajo cero. Otros eran torturados con otros métodos de venganza que eran de lo más horrible. Se reportó que muchos fueron quemados ó enterrados vivos. Un observador atestiguó: “Sesenta hombres moribundos, cuyos cuellos estaban descansando en un árbol caído, mientras los hombres y mujeres rusos con largos palos, cantando en coro y aplaudiendo, golpeaban sus cerebros en sucesión.”


   Aquellos que fueron capaces de continuar mantendrían las aterradoras memorias de las masas que sufrieron durante la marcha hacia Smolensko. De los 96,000 que abandonaron Maloyaroslavets, nueve días después sólo entraron 50,000 a la ciudad. La temperatura había caído a 28° bajo cero. Los barriles de los mosquetes estaban tan fríos que se pegaban a las manos de aquellos que los llevaban. Solo aquellos que fueron testigos de los eventos pueden describir acertadamente los horrores de ésos nueve días. Sir Robert Wilson describe: “ Las masas desnudas de los muertos y los moribundos, los esqueletos de 10,000 caballos que en muchos casos habían sido cortados en pedazos antes de que el animal hubiera muerto totalmente, la formación de grupos de caníbales; el aire envuelto de humo y llamas, las oraciones de cientos de hombres que volaban en el aire, aquellos gritos de venganza cuyo eco se escuchaba incesantemente por los bosques, los desechos de cañones, vagones de pólvora, todo tipo de carretas; formaron tal escena que probablemente nunca había sido vista en la historia de la humanidad.” El General conde de Langeron, comandante de una división de infantería rusa: “ví hombres muertos, sus dientes profundamente clavados en el muslo de un caballo que aún se quejaba. Ví a un muero dentro de un caballo al cual le había sacado las entrañas para ocultarse dentro y guardar algo de calor. Ví a otro hombre arrancando con sus dientes las entrañas de un caballo muerto.”



   Smolensko  contenía almacenes llenos de suministros incapaces de ser removidos para mantener al ejército debido al transporte inadecuado. Los primeros soldados en entrar a la ciudad robaron los depósitos sin dejar casi nada para los pobres diablos que les seguían. La disciplina dentro del ejército había completamente desaparecido. Se convirtió en un mundo de cada hombre para sí mismo como si toda la humanidad hubiera desaparecido y todo aquel que ayudara al hombre a su lado sería el próximo en caer. Los soldados habían visto tánto sufrimiento y muerte que se habían vuelto insensibles a los sufrimientos y muertes de otros. En un raro acto de compasión, Sir Robert Wilson intentó en vano de ayudar al sufrimiento de los soldados: “Estaba poniendo un pedazo de biscuit en mi boca cuando ví de reojo el rostro de un granadero francés. Era demasiado expresivo para ser resistido. Le dí lo que era para mí. Las lágrimas se asomaron en sus ojos, parecía bendecir la migaja y entonces, entre llantos de gratitud, expresó su esperanza de que un inglés nunca quiera a un benefactor en su necesidad. Entonces vivió sólo unos pocos momentos después.”



   La marcha inmediatamente prosiguió a través de Smolensko en dirección a Vilna. Al dejar Smolensko el Capitán Roedor recuerda: “Qué multitud de congelados quedó en las calles!. Muchos se habían acostado para poder congelarse. Uno camina sobre ellos debido a las escenas diarias de horrible miseria de ésta guerra que ha abotargado nuestros sentimientos a los sufrimientos de otros.”


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   El camino a Vilna requirió que el ejército cruzara el río Berezina para prevenir ser cercados y aniquilados por las fuerzas rusas que ahí se concentraban. En éstas fechas del año el río generalmente está congelado pero de repente el clima cambió tornándose inusualmente caliente haciendo que el hielo fuera demasiado delgado e imposible de cruzar sin un puente. Napoleón decidió hacer un ataque de diversión cerca de Borizov mientras sus ingenieros hacían un puente en Studenka. El 26 de noviembre, Napoleón ejecutó su plan: “A las 8 en punto de la mañana los constructores del puente comenzaron a emplazar los cimientos a la misma distancia en el río, mostrando un soberbio valor. Algunos cayeron muertos y desaparecieron con la corriente, pero el ver éstos trágicos eventos no disminuyeron los esfuerzos de sus compañeros. El emperador veía a éstos héroes y no abandonó el banco del río.” La construcción del primer puente  fue completada hacia las 11:00 de ésa mañana. El cuerpo de Oudinot cruzó el río y estableció una cabeza de puente en la obscuridad. La siguiente mañana Napoleón ordenó que el cuerpo de Ney, Davout, Junot y Eugene con la reserva y la Guardia Imperial cruzaran el río. Una alocada carrera se inició para cruzar el puente hacia la seguridad. La escena era una continuación de la miseria y el caos que plagaban al ejército. Mientras el ejército peleaba una batalla defensiva, los rusos hacían llover fuego y metralla sobre aquellos que intentaban cruzar el río. El Capitán Francois Dumonceau recuerda: “La multitud de tropas desbandadas que habían llegado y creaban un bloqueo al aglomerarse por todos lados, infiltrándose por todos lados, congestionando el terreno y no permitiéndonos el paso. Ésta multitud desordenada persistió en avanzar y formó un tapón de hombres, caballos y vehículos que llegaron casi al punto de la sofocación, empujando hacia el río donde muchos se ahogaron; reavivando las escenas de horror de muchos pasajes anteriores, pero en ésta ocasión en una inmensa escala por los miles de hombres que lo confirmaban.” Cientos de cadáveres cubrieron el terreno en las 200 yardas de los puentes. Las balas de cañón rusas avanzaban sobre las filas matando, hiriendo y empujando sobre los puentes. Un disparo alcanzó una carreta de pólvora causando una gran explosión que mató a cientos.


File:Night Bivouac of Great Army.jpg


   A las 09:00 del 29, la retaguardia francesa no podía detener más a los rusos y fue forzada a cruzar el río y quemar los puentes detrás de ellos. Diez mil hombres fueron dejados que cayeran en manos de los rusos. El ejército había sido salvado y Napoleón podría proclamar otra “victoria” pero sólo al alto precio de otros 25,000 bajas. El camino a Vilna con sus grandes almacenes de suministros se hallaba abierto.


File:Retreat of Napoleon Army from Moscow 1812.jpg


   Al siguiente día el Conde De Rochechouart se halló en el sitio del puente: “Nada en el mundo era más entristecedor, más desastroso!. Uno veía cadáveres destrozados de hombres, mujeres e incluso de niños; soldados de todas las armas, todas las naciones, aplastados por los fugitivos ó alcanzados por las balas rusas; caballos, carretas, armas, munición, vagones, carros abandonados. Uno no podía imaginar una vista más aterradora. Ambos lados del camino se hallaban apilados con muertos en todas las posiciones ó con hombres muriendo del frío, hambre, cansancio, sus uniformes en andrajos y suplicándonos que les tomásemos prisioneros. Sin embargo, por mucho que quisiéacute;ramos ayudar, desafortunadamente no podríamos hacer nada.”


File:Adolphe Yvon (1817-1893) - Marshall Ney at retreat in Russia.jpg


   Los sufrimientos de los sobrevivientes estaba aún lejos de terminar. Un Mayor ruso describió a los soldados mientras marchaban hacia Vilna: “La mayoría de ellos no tenían botas ni zapatos sino cobijas, mochilas ó viejos sombreros alrededor de sus pies. Tan pronto como un hombre había colapsado por el cansancio, el que iba detrás de él le desnudaba antes de que muriera.” Sin embargo, con el camino abierto, Napoleón dejó a su ejército para ir a París para formar uno nuevo y proteger a su gobierno de un golpe de estado.



   Lo que sobraba del Grande Armee fué dejado al mando de Murat. Él les llevó a Vilna el 8 de diciembre. Una repetición de lo que sucedió en Smolensko pasó: los soldados inmediatamente saquearon los depósitos de suministros, la disciplina nuevamente desapareció. El clima se tornó de acuerdo a Coignet “tan severo que los hombres no lo podrían soportar, incluso los cuervos se congelaron.” No queriendo ser atrapado en Vilna, Murat ordenó al ejército que marchara hacia Kovno y luego a Posen. “Ahí a mediados de enero de 1813 él podía contar con 40,000 tropas organizadas, desmoralizadas, y quizá con otros 20,000 espantapájaros, bastantes de ellos locos por sus experiencias.”

   El espléndido Grande Armee de Napoleón había sido completamente decimado en la campaña rusa bajo su mando. Los inmensos sufrimientos y las enormes pérdidas de vidas causadas por sus acciones afectaron difícilmente al emperador. Importantes cuestiones debían ser atendidas. Aún tenía que intentar mantener unida a su coalición y construir un nuevo ejército. Él remarcaría: “Aquellos hombres cuya naturaleza no había sido endurecida contra toda oportunidad del destino y fortuna parecían estremecidos; ellos perdieron su alegría y buen humor y no vieron delante de ellos nada más que desastre y catástrofe. Aquellos que soportaron éstos poderes superiores mantuvieron sus espíritus y disposiciones normales, viendo en éstas vicisitudes un nuevo reto para ganar una nueva gloria.”


France, 1812


   La máxima de Napoleón de dureza fue probada hasta los límites de la humanidad durante la catastrófica campaña de Rusia. Los soldados que sobrevivieron ciertamente soportaron durezas que aquellos que no han visto los horrores de la guerra los harán. Ellos emergerían de las pruebas victoriosos como sobrevivientes y quizás como los más “calificados” soldados del mundo según los estándares de Napoleón.


France, 1812
  

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