"La historia de las guerras
es la historia de la humanidad."
MONTECASSINO: DERRIBANDO MITOS

Autor: Raúl Forte, Buenos Aires, Argentina

   

Conocí el nombre Montecassino cuando era niño, a través de un

cuadro pavoroso que había en la casa de unos amigos de la

infancia, de origen polaco. Era una pintura horrible, a color, que

mostraba sólo escombros y árboles tronchados. Esa imagen me iba

a “acosar”, grabado en mis retinas, durante toda mi existencia. El

padre de mis amigos (lo serían para toda la vida, Luis y Mario), Don

Ludwig Dall, nacido en Varsovia, me aleccionó en mis primeros

pasos, tanto sobre la Segunda Guerra Mundial, como en el juego

de ajedrez.

Esta famosa y sangrienta batalla, duró desde el 4 de enero de 1944

hasta el 19 de mayo del mismo año. Durante esos casi cinco

meses, hubo cuatro grandes batallas, varios bombardeos siniestros

y docenas de combates por una serie de colinas que circundan (ó

circundaban) al famoso Monasterio ó Abadía de Cassino. Al lado,

existió un pueblo italiano con ese nombre.

El año 1944 se caracterizó por ser de un frio espantoso, nevadas,

desbordes de ríos y tierras inundadas. O sea que los elementos

naturales colaboraron con las granadas, bombas, disparos y obuses

para que el escenario fuera tenebroso.

Los aliados pudieron haber sorteado esta colinas y seguir

directamente hacia Roma, pero prefirieron desalojar a los alemanes

de ése costado de la ruta y todo ésto terminó con la muerte, de un

plumazo, de más de 95.000 personas. Y el capricho de un

americano, el General Clark, que quería ser el primero en “tomar”

Roma, un sueño de déspota.

En fin, fue una lucha de egos y de políticos ingleses y americanos,

por dónde, cómo y quién tomaría Roma y se llevaría el crédito

internacional.

Hay varios libros y docenas de artículos muy largos en la internet

sobre Montecassino, Abadía Benedictina antiquísima, creada en el

año 529 d.C. y que fuera una de las grandes joyas arquitectónicas

de la cultura occidental, Sólo -para no aburrirlos- quiero relatar

algunos puntos poco conocidos, derribar algunos mitos y aclarar

historias que los aliados echaron a rodar luego de la matanza y

devastación.

Afortunadamente existen los diarios de los Monjes benedictinos,

libros, pobladores de la zona que hablan en su vejez, documentos,

historiadores serios, que han ido develando secretos y mitos que

hoy comparto brevemente con Vds.

Un oficial alemán se ocupó, ante la amenaza previa de bombardeo

aliado, de ordenar transportar en docenas de camiones militares,

cuadros, libros, obras de arte, estatuas y reliquias que estaban

guardadas en el Monasterio. Gracias a Dios se salvaron de la

bestialidad humana.

Se llamó Maximilian J. Becker, 33 años, capitán médico de la

Hermann Göering Division. Hasta obligó a los pocos monjes que se

quedaron a orar, a ser llevados a la fuerza a Roma para salvar sus

vidas.

Hoy existe una placa perdida, recordando su nombre y su acto en

pos de la cultura y el arte dentro de las miserias de la guerra.

Los aliados, por indicación de un general neozelandés, un tal

Freyberg que no pudo tomar las colinas debido a la oposición de

los alemanes, solicitó el bombardeo liso y llano de la abadía

benedictina de Montecassino. Los aliados, en especial los

americanos, se sintieron encantados de usar sus Fortalezas

Volantes B-17 y efectuar bombardeos tipo “alfombra”. Fueron varios

ataques, que duraron menos de 6 horas y devastaron la zona, el

Monasterio y el pueblo con su gente. Fueron arrojadas la friolera de

2.600 toneladas de bombas.

Cuando se habla de Cassino todo el mundo recuerda la defensa

llevada a cabo por los paracaidistas alemanes, pero sólo algunos

saben que la primera fase de la defensa del área fue llevada a cabo

por panzergrenadiers (Granaderos Panzer) con notable éxito.

Luego de la devastación, soldados aliados (bajo “control” de

Francia) de origen marroquí, ocuparon el pueblo (habían quedado

casi sólo ruinas) y se dedicaron a violar y matar salvajemente a las

mujeres que restaban en el pueblo. Estas acciones han sido

reflejadas en una película italiana “Dos Mujeres” (La Cioccera)

donde trabaja Sofía Loren y Jean Paul Belmondo, dirigidos por

Vittorio de Sica (1960).

Los americanos siempre difundieron el hecho de que había

alemanes atrincherados dentro del Monasterio, cosa que nunca

ocurrió y existen declaraciones de Monjes que vivieron el momento

y de civiles de la zona que se refugiaron en el Monasterio durante

los hechos, también reconocido por los polacos que combatieron.

Cuando la Abadía no existía más y era sólo escombros, los

teutones aprovecharon sus ruinas para refugiarse y defender la

colina, con ferocidad y empeño. Escondidos en sus claustros

subterráneos, obtuvieron la mejor defensa que los aliados les

brindaron con su despiadada acción.

Recién en el año 1969, ó sea 25 años después de la barbarie, los

EE.UU. reconocieron el grave error cometido en las tierras del sur

de Italia y la destrucción de esa maravilla antigua que era la Abadía

de Montecassino y la muerte de tantos civiles inocentes y pidieron

disculpas por el bombardeo indiscriminado. Un poco tarde.

Los alemanes, en su mayor parte paracaidistas o Fallschimsjager ó

Green Devils (Diablos verdes) habitaban trincheras y cuevas

excavadas en la laderas, que aun hoy se pueden ver, algunas

visitando subrepticiamente propiedades privadas. Luego del

bombardeo y destrucción casi total del Monasterio, sí se

establecieron allí, encontrando un excelente refugio para luchar

durante meses entre los escombros y gruesos muros.

Finalmente, los polacos fueron la carne de cañón y enviados como

los últimos atacantes. Murieron por miles y finalmente ocuparon el

Monasterio ó lo que quedaba de la antigua Abadía.

La sorpresa: No había más alemanes allí, se habían retirado hacia

días, dejando sus heridos más graves cubiertos con diarios viejos

(no tenían nada para curarlos) y sólo dos médicos militares para

atenderlos.

Los polacos trataron de izar una bandera polaca en un poste que

permanecía erguido, aún entre las ruinas. La tristeza: no tenían una

a mano por lo que tuvieron que conformarse con un gallardete de

una compañía. Recién al día siguiente los colores rojo y blanco

polacos ondearon triunfantes sobre los escombros.

Triste y patético triunfo polaco ya que en “La Conferencia de

Teherán” habían sido vendidos y traicionados por Roosevelt y

Churchill que entregaron a Polonia, el país de las mil invasiones a

manos de las huestes salvajes de Stalin.

El famoso mito de los alemanes derrotados por los polacos que

fueron enviados por los ingleses a la matanza y que me enseñaron

de niño, cuando miraba embelesado ese cuadro atroz en la casa

polaca de mis amigos, se había desvanecido…

Polacos y alemanes compartían en ese entonces, algo en común.

Demacrados, hambrientos, sin bañarse por semanas ó meses,

muertos de sed y de sueño, los ojos desorbitados, los polacos

ensangrentados y polvorientos y los heridos alemanes vendados

sólo con papeles sucios, se movían ahora juntos, entre miles de

cuerpos desmembrados y al descubierto, roídos por ratas, entre un

olor nauseabundo y ríos de sangre derramada tan sólo por una

miserable colina. Lo único que ponía un poco de vida eran las rojas

amapolas, por millares, típicas de ese lugar.

Como honor a la valentía y sangre polaca vertida, el cementerio de

esos hombres audaces se encuentra al lado de la nueva Abadía,

levantada con esfuerzo por la República Italiana apenas terminada

la guerra. Es casi igual que la antigua, según planos de la época.

El cementerio de los bravos alemanes está alejado, a unos 3

kilómetros, en una hermosa ladera del Monte Caira, albergando a

los 20.050 derrotados que detuvieron durante cinco meses a

105.000 adversarios de varias nacionalidades, y todo el peso sus

tanques, cañones y aviones.

El mejor honor póstumo e impúdico que tienen los Green Devils

hoy, es que un casco legítimo de paracaidista alemán con

documentación que estuvo en Montecassino puede llegar a costar

entre 18.000 a 22.000 dólares según el estado y su color de

camuflaje.

Los aliados ganaron en Montecassino, pero pagaron el precio más

espantoso de la guerra por una colina. Unos 75.000 muertos y miles

de heridos. Una tragedia griega.

El General Alexander, jefe aliado reconoció la talla de los

Fallschimjaeger alemanes con las siguientes palabras: "Es

extraordinaria la tenacidad de estos paracaidistas alemanes.

Estuvieron sometidos a toda la fuerza aérea del Mediterráneo

bajo la mayor concentración de potencia de fuego que se ha

visto jamás. Dudo que haya otras tropas en el mundo que

hubiesen podido levantarse y seguir luchando con aquella

ferocidad".

Mis finales palabras hoy. Honor y descanso en paz a los

combatientes de todas las naciones, muertos y heridos en pos de

los caprichos de nosotros, los hombres.

Raúl Forte, Argentina. Copyright 2014

ESTADISTICAS Y DATOS

Distancia de Montecassino a Roma,

90 km. en línea recta, al sur de la capital.

140 kilómetros por carretera.

Ruta principal italiana, la No. 6.

Zona llamada, Valle del Liri (rio)

FUERZAS ALIADAS

Americanos, Ingleses, Polacos, Franceses, Marroquíes, Hindúes,

Neozelandeses.

Unos 200.000 hombres

75.000 muertos y desaparecidos

3.876 aviones (de todo tipo)

Aviones pesados B-17 y B-25 empleados: 240

FUERZAS ALEMANAS

División Herman Göering

Fallschimjäger Nos. 1, 3 y 5

26.000 hombres aprox.

20.050 muertos y desaparecidos

3 tanques Panzer

Hay cinco (5) cementerios en diversos lugares aledaños.

 

BIBLIOGRAFIA, entrevIstas y pag. Web

Entrevista a dos ex soldados polacos, gestionada por el Sr. Ludwig

Dall en el Centro de ex Combatientes Polacos, Palermo, Buenos

Aires, Argentina.

LIBROS

MONTE CASSINO

Por David Hopgood y David Richardson

Ediciones Vergara, 1985.

Colección Biografía e Historia

TRUENOS EN MONTE CASSINO

Por Ken Ford

Ediciones Osprey Publications - 2008

LA BATALLA DE MONTE CASSINO

Por Matthew Parker

Barcelona, 2006

MONTE CASSINO

-La Heroica Patrulla-

Charles Connel

Círculo Militar, Buenos Aires -1966

MONTE CASSINO

Karl Von Vereiter

Roca - México 1976

WEB Wikipedia, varias páginas, buscar Montecassino.

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