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El ABC de la Segunda Guerra Mundial: Orígenes, Fascismo

  +Il Duce “El Caudillo” Benito Mussolini, creador del movimiento fascista que inspiró a una gran cantidad de movimientos en la primera mitad del siglo XX.+

  

  El fascismo ha marcado una definición para los gobiernos totalitarios de la primera mitad del siglo XX. Es una palabra que se repite con frecuencia aunque es mal usada y mal entendida.  Desde un punto de vista económico, el fascismo es un socialismo con raíces capitalistas. En éste sistema, el pensamiento es delegado para dar paso a la voluntad y a la acción. El individuo pierde su identidad para servir a un bien más grande: la patria.

   El Fascismo fue único entre los movimientos radicales de principios del siglo XX. Emergió en Italia en 1919 llevando a su líder, Benito Mussolini, a la creación de una dictadura en 1925. El término Fascismo, que sería aplicado a toda una gama de revoluciones nacionalistas en Europa entre las guerras mundiales, tenía unas raíces totalmente italianas.

   La palabra fascista deriva de “fasces”, símbolo romano de la colectividad y el poder. Una rama fácil se rompe, un hato es fuerte y difícil de quebrar. Desde 1870 el término Fascio fue usado en Italia por las nuevas organizaciones radicales, normalmente de la izquierda. Es por eso que los nacionalistas que buscaban crear una nueva liga al terminar la Gran Guerra formaron la Fascio di Combattimento, que posteriormente sería el partido Fascista.

-Un joven oficial de infantería Benito Mussolini que sirvió en la Gran Guerra-

 

   Militante socialista y excombatiente de la Gran Guerra, Benito Mussolini, descontento por su ideología de izquierdas, se unió en 1919 a un grupo de veteranos y jóvenes en la misma situación de pesimismo para crear los llamados Fasci de Combattimmento. Estos eran unas secciones de asalto y protección que luchaban contra el comunismo en las calles y propugnaban un nuevo cambio social en el pueblo, concretamente un Estado de orden que garantizase la seguridad pública. Ideológicamente los Fasci de Combattimento proponían un cambio político que protegiera igual a los obreros, a las clases medias y las clases altas si estas últimas lo merecían. Inicialmente su ideología causó dudas porque aparentaba ser de izquierdas y de derechas al mismo tiempo, sin embargo los Fasci di Combattimento repudiaban ambas, ya que realmente eran la tercera alternativa al marxismo y al capitalismo. Uno de los dogmas fundamentales que caracterizaban a los Fasci di Combattimento era la exaltación del nacionalismo italiano para convertir a Italia en un país grande y poderoso en el mundo, como un Imperio que estuviera en el podio entre las potencias. Sin duda alguna profesaban un amor por la cultura italiana, sus tierras, su historia, su arte, su pintura, su música y sobretodo por el pueblo y sus gentes como una sociedad descendiente de la Antigua Roma.
   Todos los Fasci di Combattimmento estaban compuestos por antiguos socialistas como Giovanni Marinelli, sindicalistas revolucionarios como Mario Giampaoli, nacionalistas italianos, intelectuales, periodistas, publicistas, obreros, empleados, artistas vanguardistas e iluminados futuristas. La edad media para ser Fasci di Commbattimento era de 30 años en 1919. El uniforme reglamentario era una camisa negra y a veces un equipo militarista con porras, pistolas, fusiles y granadas. Su saludo oficial era el romano alzando el brazo derecho en alto al estilo de los Césares. Se distribuían en entidades locales organizadas en escuadras de militantes armados según la zona al mando de sus respectivos líderes denominados “Ras”. Con esta estética la típica imagen de un Fasci di Commbattimento en el votante italiano simbolizaba el orden.

-Benito Mussolini en los tiempos de lucha-

 

El 15 de Abril de 1919 se llevó a cabo la primera acción de violencia de los Fasci di Combattimmento en Milán contra la sede del periódico marxista Avanti!, donde un grupo de escuadristas destruyeron el edificio por completo. A partir de entonces los Fasci di Combattimmento se dedicaron a atacar objetivos de los adversarios, especialmente las sedes y locales del Partido Socialista Italiano (PSI), aunque también realizaban incursiones en casas de políticos, círculos recreativos, cámaras de trabajo, sindicatos o escuelas populares dirigidas por la extrema izquierda. No solamente atacaban lo material, sino que también a personas de la oposición, normalmente socialistas, a los que propinaban palizas golpeándoles, apaleándoles, rociándoles con aceite de ricino urticante, incluso en algún caso se le fue la mano a más de uno provocando alguna víctima mortal.
   Mientras los Fasci di Combattimmento conseguían mantener el orden en muchas ciudades frente a los extremistas de izquierda que se comportaban igual de violentos que ellos, en el ámbito político apenas triunfaban. Por ejemplo en las elecciones locales de Milán de 1919 no obtuvieron ningún escaño, pues sólo sacaron 4.000 votos. A pesar del fracaso electoral, el incremento de afiliados y militantes en los Fasci di Commbattimento fue cada día más grande y poco a poco empezó a tomar forma a una ideología llamada fascista.

-Camisas Negras Fascistas-

   La lucha electoral en los años posteriores no rindió el anhelado poder para Benito Mussolini. Se acercó el año de 1922 en que los socialistas y comunistas cobraron un poder como nunca antes. Las riñas callejeras se agudizaron tal como sucedió en las calles de Munich entre comunistas y nacionalsocialistas. Sin embargo, el futuro Duce ya había decidido zanjar los problemas de una vez por todas.
   Las causas de esta decisión fueron la huelga general convocada por las izquierdas en todo el país en Agosto de 1922 que a punto estuvieron de tomar el poder e instaurar la revolución bolchevique como en Rusia. De no ser por la intervención de miles de fascistas que la disolvieron a base de lucha callejera y porrazos, una guerra civil hubiese podido tener lugar. Como consecuencia de esto el Partido Nacional Fascista (Partido Nazionale Fascista) comprendió que en cualquier momento los comunistas podían hacerse con el control de Italia. Los partidos democráticos, ya muy debilitados, no servían para nada y menos frente a la marea revolucionaria. Sólo había dos posibles resultados: o los fascistas asaltaban el poder o de lo contrario lo harían los bolcheviques.
   Muy detenidamente Mussolini estudió la posibilidad de marchar a Roma para convencer al Rey Victor Manuel III ante la necesidad de un cambio de Gobierno por otro más fuerte dirigido por fascistas. El problema era la republicanidad de los fascistas, completamente antimonárquicos. Esa fue la razón por la cual Mussolini hubo de renunciar temporalmente a la República y adoptar un discurso monárquico, aunque bastante débil y moderado.
   A mediados de Octubre de aquel 1922, en Milán se tomó la decisión de avanzar sobre Roma. Mussolini designó a un Cuadrunvirato para dirigir las operaciones. Sus miembros fueron: Michelle Bianchi, Italo Balbo, Emilio de Bono y Cesare Maria de Vecchi.

-Los líderes fascistas marchan sobre Roma-

Tanto las escuadras de Camisas Negras y la Milicia Fascista se repartirían en tres regiones italianas distintas: Ancano al mando del general Gustavo Fara, Civitavecchia bajo control del general Sante Caccherini y Orte dominada del general Emilio de Bono. Como punta de lanza de avance irían tres columnas: La Columna Civiatavecchica del general Dino Perrone Compagni con 4.000 hombres, la Columna Tívoli del general Giuseppe Bottai con 8.000 hombres y la Columna Monterotondo del general Ulisse Igliori con 2.000 hombres.
   Las palabras de Benito Mussolini antes de la Marcha sobre Roma fueron:
“O nos dan el Gobierno o lo tomaremos bajando a Roma”.

   Repentinamente, el 27 de Octubre de 1922, tres enormes columnas de Camisas Negras iniciaron el avance hacia Roma procedentes desde Civiatavecchica, Tívoli y Monterotondo. Por el camino la gente de todas las clases sociales se les unió emocionada, tanto campesinos y obreros, como industriales y comerciantes, e incluso exveteranos de la Primera Guerra Mundial descontentos con el injusto resultado.
   Cuando el Gobierno en Roma se enteró de lo que estaba sucediendo, entró en crisis. Como resultado el Partido Socialista Italiano y el Presidente Luigi Facta dimitieron dejando un vacío de poder muy importante.
   Durante todo el resto del día 27, los Camisas Negras y la Milicia Fascista se fueron acercando a la capital. Por el camino tuvieron un total apoyo de la Policía Italiana y los Carabineros (Carabinieri) que en ningún momento les pusieron impedimentos. Por otra parte el Ejército Real Italiano (Regio Esercito) y los militares hicieron la vista gorda. Simultáneamente la Confindustria de Roma se posicionó al lado de los sublevados.
    Sin apenas toparse con resistencia las escuadras fascistas se apoderaron de oficinas de correos y telégrafos, prefecturas, puestos de radio y nudos ferroviarios, incluso se hicieron con algunos trenes para facilitar la marcha. También los Camisas Negras tomaron algunos cuarteles e instalaciones militares, aunque en muy pocos casos porque los soldados los recibieron con los brazos abiertos. Ni sindicatos ni partidos de izquierdas se opusieron a la marcha, solamente se ocultaron en sus sedes y delegaciones que fueron ignoradas por los fascistas.
   A lo largo de la noche del 27 al 28 de Octubre, el Rey Víctor Manuel III inició unas muy alteradas negociaciones entre el Gobierno y los fascistas. El mariscal Armando Díaz y el general Luigo Federzoni aconsejaron al monarca que pactara con los fascistas para evitar que cayera la Corona de los Saboya. Mientras tanto, fuera del Palacio Real en Roma, sin nadie percatarse aquella noche, los Camisas Negras comenzaron a entrar en la capital italiana sin encontrar oposición. Para llamar a la tranquilidad colgaron carteles que rezaban “conservar la calma”. Viéndose acabado y antes de que la cosa acabara en un baño de sangre, el Rey hizo llamar a Benito Mussolini que en aquellos momentos se encontraba en Milán para que se presentara ante él a negociar.
   Mussolini se trasladó a Roma el 28 de Octubre de 1921, entrando en la capital italiana ovacionado por multitudes y saludado como si fuera Julio César. Apenas tardó unos pocos minutos hasta que se reunió con el Rey en el Palacio. Su palabras al monarca fueron: “Pido perdón a vuestra Majestad por tener que presentarme con la Camisa Negra puesta, de vuelta de la batalla, afortunadamente incruenta, que se ha tenido que librar. Traigo a vuestra Majestad la Italia de Vittorio Véneto, de nuevo consagrada por la victoria, y soy fiel siervo de vuestra Majestad.” A continuación el líder fascista expuso al monarca su más sincera fidelidad a la Corona y a Italia. Contento por el comportamiento de Mussolini, el Rey le encargó formar Gobierno para que de esa manera pudiese frenar la época de revueltas que tenía a Italia sumida en el caos y la anarquía.
    El mismo 28 de Octubre de 1921, fecha que pasaría a la Historia, Benito Mussolini fue declarado “Duce (Guía)” de Italia bajo coalición de todos los partidos políticos y el suyo. A partir de entonces nació un nuevo calendario adoptado del romano, la Era Fascista.

   La Doctrina del Fascismo, libro escrito nominalmente por Benito Mussolini, enmarca algunos de los conceptos más importantes del movimiento.
“Aunque el XIX fuera el siglo del socialismo, el liberalismo y la democracia, eso no significa que el siglo XX deba ser también el del socialismo, el liberalismo y la democracia. Las doctrinas políticas pasan; las naciones permanecen. Somos libres de creer que este es el siglo de la autoridad, un siglo que tiende hacia 'el bien', un siglo fascista. Si el XIX fue el siglo del individuo (liberalismo implica individualismo), somos libres de creer que este es el siglo del 'colectivo', y por tanto el siglo del estado.”
“El fascismo se opone por tanto al socialismo, para el que la unidad dentro del Estado (que amalgama clases en una única realidad económica y ética) es desconocida, que no ve en la historia nada más que la lucha de clases. El fascismo se opone igualmente al sindicalismo como un arma de clase. Pero cuando se trae dentro de la órbita del Estado, el fascismo reconoce la necesidad real que hizo surgir al socialismo y al sindicalismo, dándoles su debido peso en el sistema gremial o corporativo en el que los intereses divergentes se coordinan y armonizan en la unidad del Estado.”
“El concepto fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden existir valores humanos o espirituales, mucho menos tener valor. Así entendido, el fascismo es totalitario, y el Estado fascista -una síntesis y una unidad inclusiva de todo valor- interpreta, desarrolla y potencia la vida entera de un pueblo.”
“El fascismo se opone por tanto al socialismo, para el que la unidad dentro del Estado (que amalgama clases en una única realidad económica y ética) es desconocida, que no ve en la historia nada más que la lucha de clases. El fascismo se opone igualmente al sindicalismo como un arma de clase. Pero cuando se trae dentro de la órbita del Estado, el fascismo reconoce la necesidad real que hizo surgir al socialismo y al sindicalismo, dándoles su debido peso en el sistema gremial o corporativo en el que los intereses divergentes se coordinan y armonizan en la unidad del Estado.”
“Tras el socialismo, el fascismo ataca al complejo entero de ideologías democráticas, rechaza a ambos en sus premisas teóricas y en sus aplicaciones o manifestaciones prácticas. El fascismo niega que la mayoría, a través del mero hecho de ser mayoría, pueda gobernar las sociedades humanas; niega que esta mayoría pueda gobernar por medio de una consulta periódica; aforma la irremediable, fructífera y beneficiosa desigualdad de los hombres, que no puede ser nivelada por un hecho mecánico y extrínseco como el sufragio universal.”
Esperen la siguiente entrega de ésta serie con el título: “El ABC de la Segunda Guerra Mundial: Orígenes, Imperialismo Japonés.”

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