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El ABC de la Segunda Guerra Mundial: Fuego en el Reichstag

Adolf Hitler fue nombrado canciller el 30 de enero de 1933. Ésa noche marcharon a las puertas de la cancillería filas innumerables de miembros de las S.A. encuadrados en filas compactas, marcando el paso al unísono, con antorchas en las manos formando una especie de serpiente de fuego si se le veía a la distancia. Sin duda un espectáculo imponente y memorable para unos, para otros como al Mariscal Hindenburg, les parecería un vaticinio de una Alemania en llamas en el futuro.

Los primeros días que Hitler estuvo en el poder solicitó al Presidente del Reich que, nuevamente, se disolviera al Reichstag y se convocara a unas nuevas elecciones parlamentarias. El objetivo de éstas elecciones para los Nacional Socialistas era la de asegurar su posición como canciller y la del partido como fuerza mayoritaria, siendo los Nazis la mayoría en el Reichstag, cualquier ley pasada por Hitler sería una ley autorizada. Para esto debían deshacerse de los odiados comunistas, única fuerza que podría interponerse entre ellos y el control absoluto del Reichstag y de Alemania. La fecha para éstas nuevas elecciones sería el próximo 5 de marzo de 1933. Sin duda los Nazis requerirían de un milagro electoral para poder obtener la mayoría absoluta en ésta ocasión.

Durante la primera noche de Hitler como canciller mantuvo una cena con los Generales del Estado Mayor y les hizo saber que Alemania se re-armaría como un primer paso para romper los grilletes impuestos por el Tratado de Versalles y que pudieran recuperar su anterior posición entre los líderes del mundo. También les insinuó su plan para conquistar los territorios del este para poder germanizar los territorios en busca del ansiado Lebensraum. Les aseguró a todos los almirantes y generales que no existiría ningún intento de reemplazar al Reichswehr (Ejército Regular) con unas nuevas fuerzas armadas integradas por los hombres de las S.A. por lo que dejaría en manos de profesionales el desarrollo de armas y del cuerpo de oficiales.

En los siguientes días Hindenburg firmó un decreto de emergencia en que daba todo el poder al ministro del interior prusiano sobre éste estado. Una acción que tomaría casi de inmediato el ministro Hermann Göring fue la de reemplazar a todos aquellos oficiales de policía leales a la república de Weimar con oficiales leales al partido. También les ordenó que no interfirieran bajo ninguna circunstancia con los hombres de las S.S. y de las S.A. Resultado: todo aquel que fuera golpeado, acosado ó, incluso, asesinado por los Nazis no tenía a ningún lugar que recurrir por ayuda.

Luego Göring les ordenó a las fuerzas policiales que no mostraran piedad a todos aquellos que se mostraran hostiles contra el estado, dando a entender que Hitler era el estado, sobre todo a los comunistas. "Los oficiales de policía que usen sus armas en el desempeño de sus deberes serán cubiertos por mí. Quien sea que falle en su deber podrá esperar una acción disciplinaria". Afirmó Göring en un discurso a las fuerzas policiales.

El 22 de febrero ordenó la formación de una fuerza policial auxiliar compuesta por 50,000 hombres, principalmente miembros de las S.A. y de las S.S. Con esto los luchadores de cervecería, los asesinos de comunistas y futuros verdugos de judíos tenían ahora los poderes de la ley.


-Policías regulares y auxiliares-

Dos días después hicieron una pesquisa en el cuartel general comunista en Berlín. Göring declaró que había encontrado una serie de planes en el cuartel para que los rojos se levantaran en armas en contra del nuevo gobierno. La realidad es que descubrió una lista de miembros del Partido Comunista, muy útil para sus planes a corto plazo.

Hermann Göring y Joseph Goebbels, dos de los más allegados hombres a Hitler, fraguaron con la aprobación del Führer, un plan que probaría ser uno de los más enigmáticos hasta apenas hace unos años. La oficina de Göring comunicaba a través de un túnel secreto directamente con el edificio del Reichstag. Éste era el edificio desde donde manaban las leyes autorizadas por los miembros elegidos democráticamente por el pueblo. Un grupo de hombres de las S.A. cruzarían el túnel y prenderían fuego al edificio para poder culpar a los comunistas de éste golpe en contra de la democracia y de Alemania misma.


-Marinus van der Lubbe-

Por una extraña coincidencia se hallaba en Berlín un comunista con problemas mentales que intentaba iniciar una revuelta de un solo hombre. Marinus van der Lubbe, holandés de nacimiento, había vagado por las calles de Berlín durante una semana intentando incendiar edificios gubernamentales e iniciar una revuelta. El 27 de febrero decidió que incendiaría el edificio del Reichstag.

Llevando dispositivos incendiarios, pasó todo el día rondando el edificio antes de ingresar por una ventana convenientemente abierta roto a las 21:00. Se quitó la camisa, la prendió en llamas cual antorcha y con ésta encendió los pesados cortinajes. Al mismo tiempo miembros de las S.A. hacían lo mismo en otras habitaciones. Se cree que éstos habían contactado a Van der Lubbe, le proporcionaron los medios para hacer fuego, le indicaron el modo de ingresar y lo dejaron cual niño en dulcería prendiendo el edificio.

Los testimonios posteriores aseguran que el comando de las S.A. que incendió el Reichstag fue liderado por el General de las S.A. Karl Ernst quienes usaron el túnel de Göring, entraron al edificio, rociaron gasolina y prendieron fuego. Karl Ernst sería ejecutado por miembro de las S.S. durante la noche de los Cuchillos Largos por lo que se deduce que sabía algo que debía ser callado.

El fulgor de las llamas atrajo la atención del Presidente del Reich Hindenburg y de su vice canciller Papen quienes se dirigieron de inmediato al lugar de los hechos. Hitler estaba con Göbbels cenando quienes respondieron al llamado para encontrarse con un Göring amenazante en las afueras del edificio en llamas, acusando a los comunistas como los responsables del hecho.

Después de un breve vistazo a los daños ocasionados, se llevó a cabo una reunión de los líderes del gobierno. Cuando se le dijo a Hitler sobre el arresto del comunista Van der Lubbe, tuvo uno de sus clásicos arrebatos de ira profiriendo: "El pueblo alemán ha sido muy suave por mucho tiempo. Todo oficial comunista debe ser fusilado. Todos los delegados comunistas deben ser colgados ésta misma noche. Todos los amigos de los comunistas deben ser encerrados. Y después de ellos siguen los social demócratas".

Hitler abandonó la escena para dirigirse de inmediato a las oficinas de su diario el Völkischer Beobachter para confirmar su historia sobre el incendio. Permaneció despierto toda la noche con Göbbels para escribir sobre las historias de los planes comunistas para tomar el poder violentamente en Berlín.

Al día siguiente, 28 de febrero, Hitler demandó un decreto emergente para superar la crisis. Junto con Papen acudieron a ver al mariscal para que aprobara la ley de "Protección del Pueblo y del Estado". Las principales medidas que cubría ésta ley eran la de: restringir el derecho de libre expresión de la opinión personal, restringir la libertad de prensa y de asociación; derecho para supervisar las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas; derecho para llevar a cabo pesquizas en casas y confiscaciones; derecho a detener a los individuos que sean considerados una amenaza para el estado sin realizar una acusación según la ley.

Casi de inmediato siguieron los primeros arrestos masivos llevados a cabo por camiones cargados de miembros de las S.S. y las S.A. que asaltaron lugares conocidos como puntos de reunión comunistas así como en casas privadas. Millares de rojos y social demócratas fueron tomados en "custodia protectiva" a las barracas de las S.A. donde fueron golpeados y torturados.

"No tengo que preocuparme por la justicia; mi misión es únicamente la de destruir y exterminar, nada más!". Diría Göring el 3 de marzo de 1933. Cincuenta y un enemigos del partido fueron asesinados mientras se suprimía toda la actividad política, reuniones y publicaciones de cualquier organización ajena al N.S.D.A.P.

"Cada bala que abandona el barril de una pistola de un policía es mi bala. Si alguien llama a esto asesinato, entonces yo soy el asesino. Yo lo ordené. Yo lo respaldo. Asumo la responsabilidad y no temo hacerlo". Afirmaría el futuro Reichsmarshall Hermann Göring. Los diarios nazis continuaron imprimiendo falsa información sobre conspiraciones comunistas clamando que sólo Hitler y su gobierno podría prevenir que la nación fuera convertida en otra Unión Soviética.

Todos los recursos del gobierno estaban disponibles para que las elecciones del 5 de marzo fueran ganados. Los grandes industriales que ayudaron a Hitler a subir al poder abrieron sus arcas con gran alegría al donar tres millones de marcos, entre ellos se hallaba Krupp e I.G. Farben, empresas que multiplicarían sus ganancias por miles en la guerra venidera.

"El sacrificio que pedíamos era más fácil de soportar si te dabas cuenta de que las elecciones serían las últimas en los próximos diez años, probablemente por los cien años venideros". -Göring les diría.

El 5 de marzo, las últimas elecciones libres se llevaron a cabo. Sin embargo el pueblo negó a Hitler la mayoría, dándoles unicamente un 44% de la totalidad de los votos. A pesar de la propaganda masiva y de la brutal ruptura de los partidos enemigos el partido del centro obtuvo cuatro millones y los social demócratas más de siete millones de votos. Los comunistas a pesar de ser prácticamente ilegales alcanzaron más de cuatro millones.

Para poder continuar con la mayoría del Reichstag los Nacional Socialistas formaron una coalición con el Partido Nacional del Pueblo Alemán. Sin embargo aún se hallaban lejos de alcanzar los 2/3 de los asientos por lo que buscó la alianza con el Partido del Centro Católico. Al alcanzar el objetivo emitió Acta que permitirá que el Canciller emitiera leyes sin la aprobación del Reichstag por un periodo de cuatro años.

El fuego del Reichstag logró afianzar a Hitler en una posición de poder que ningún jefe de estado alemán había tenido en siglos. El último paso dependía de la muerte del viejo mariscal Hindenburg. Cosa que no tardaría demasiado.

Y para Van der Lubbe, el comunista holandés, la cosa no iría muy bien. En un juicio montado por las autoridades fue declarado culpable y colgado. Hace un par de años las autoridades judiciales alemanas absolvieron a Van der Lubbe de todos los cargos y limpiaron su historial póstumamente.

No se pierdan en nuestro próximo número del ABC de la Segunda Guerra Mundial: 30 de junio de 1934.

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