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Ases de los blindados: Michael Wittmann 2° parte


La tarde del 12 de julio de 1941 vería al Unterscharführer Wittmann y a su tripulación ser premiados con la primera de muchas condecoraciones, la Cruz de Hierro de 2° clase, que sería entregada por “Sepp” Dietrich en persona. Como testamento de la humanidad de éste bravo soldado, al ser cuestionado por Dietrich si tenía un deseo especial, Wittmann solicitó que los tres soldados rusos heridos les sea dado el mejor tratamiento médico.

El siguiente mes vería más éxito para los ejércitos alemanes y la LSSAH, mientras el avance continuaba a pesar de los combates y la resistencia del Ejército Rojo, que, a pesar del inmenso número de bajas, parecía volverse más grande y más amenazante. Aún así, en ésta etapa, todos en el liderazgo alemán eran bastante optimistas. Al estan a punto de tomar Kiev, Hitler redirigió la fuerza de los asaltos en direccion a Uman. Éste objetivo fue finalmente alcanzado después de una desesperada resistencia por parte de los soviéticos; el rol crucial jugado por la LSSAH en ésta campaña le hizo ganar la felicitación del Comandante de la Wehrmacht el General Kempf, quien agradeció a la LSSAL por su “golpe incomparable” contra el enemigo. Durante los combates en Uman, Michael Wittmann fué herido por vez primera, sufriendo laceraciones en su cara y cabeza. Las heridas no eran serias, aunque después en ése mes fue premiado con el Distintivo de Herido en Negro. El día después de que recibió éste premio, el 21 de agosto, los primeros avances fueron hehcos a través del Dniepr y fueron seguidos por la LSSAH durante la primera semana de septiembre. Después de jugar un rol significativo en los ataques contra la estepa de Nogai, Wittmann fue premiado con la Cruz de Hierro de 1° clase el 8 de septiembre. Parecía que nada podría detener a los victoriosos ejércitos alemanes que se dirigían hacia Crimea.

Wittmann y su tripulación tendrían suerte de escapar poco después en septiembre; al avanzar con la unidad de Kurt “Panzer” Meyer hacia el istmo de Perekop, llegaron hasta donde se hallaba un rebaño de ovejas que avanzaban hacia el campo. Antes de que algo se pudiera decir, uno de los animales pisó una mina terrestre y como resultado todo el rebaño se desbandó lleno de pánico. Si no hubiera sido por la oveja, Wittmann y sus colegas hubieran conducido directamente en el campo minado. Al callar la última explosión, los rusos lanzaron un furioso ataque. Las unidades de la LSSAH se retiraron rapidamente de Perekop y se reagruparon para el siguiente ataque, un avance nocturno en la ciudad de Melitopol. Durante éste movimiento nuevamente los rusos lanzaron un contraataque.

La tripulación de Wittmann nuevamente mostraría sus habilidades en condiciones difíciles: encararon un T-34/76 que de repente apareció como un fantasma de la obscuridad, el conductor Koldenhöff rápidamente asumió una posición de ataque y el artillero Klinck hizo el resto con un disparo limpio que hizo estallar la munición de a bordo. Después de correr a un bosque en la obscuridad, Wittmann se dirigió rápidamente a dos cañones antitanque soviéticos y, disparando con todo abordo, aterrorizó a sus artilleros. Después de enlazar con el vehiculo de “Panzer” Meyer, Wittmann y su Stug III –apodado “Buzzard”- huyeron como demonios del fuego enemigo. En ese entonces la batalla se tornaba más y más feróz y lentamente los rusos eran derrotados al intentar nuevamente asegurar el área de Perekop. El 8 de octubre, Wittmann nuevamente fue herido en ésta dura batalla, sufriendo heridas en su muslo derecho y nuevamente en cara y cabeza, lo que lo mantuvo en observación médica durante dos días. El 9 de noviembre fue promovido a SS-Oberscharführer y recomendado para tomar el entrenamiento de oficial.

El verano de 1941-42 vería el primer encuentro con el ejército oculto de Rusia: el clima. Mientras los meses del otoño tardío vieron fuertes tormentas y la creación de inmensos lagos de espero, viscoso lodos; los meses posteriores verían una rápida caída de la temperatura y la amenaza de tormentas de nieve y terribles tormentas de viento. Como un directo resultado de la confianza excesiva de Hitler y el liderazgo alemán, lo peor se experimentaría pronto. Muchos soldados alemanes, inadecuadamente equipados para soportar las condiciones extremas, desarrollaron severos casos de congelamiento, que se convertían en gangrena y en muchos casos la muerte. Aunque Wittmann y su tripulación como resultado de “privilegiada” posición, estaban en su mayoría protegidos del frío, sin embargo un número de otros peligros surgieron como la amenaza de tocar el metal helado y perder la piel que hacía contacto. Además, había el obvio problema que afectaba a las máquinas, que necesitaban mucho más mantenimiento del usual para mantenerlos en forma. Bajo éstas condiciones, el siempre avanzante ejército comenzó a detenerse. Aún así y a pesar de esto, las fuerzas de la LSSAH aún eran capaces de capturar la ciudad de Stalino y Taganrog a mediados de octubre y la ciudad de Rostov el 20 de noviembre.

Un día después de la caida de Rostov, Wittmann recibió otro premio, ésta vez el Distintivo de Asalto de Blindados en plata (Panzerkampfabzeichen) como resultado de tomar parte en tres asaltos blindados. Wittmann y sus colegas desafiaron al invierno ruso y de algún modo lograron superar la situación de enfrentar al enemigo en éste espantoso frío y la constante amenaza de que el equipo falle. Hasta la llegada de la primavera Michael Wittmann vió poca acción y al siguiente mes , finalmente llegó la fecha de tomar su entrenamiento par oficial y se hallaba de vuelta a casa.

Después de los rigores de casi un año de duros combates en Rusia, el Oberscharführer Wittmann se hallaba de vuelta en Bavaria, inscrito en la famosa academia militar (Junkerschule) en Bad Tölz, listo para iniciar su entrenamiento de oficial. Después del calor del combate, el entrenamiento en la Junkerschüle sería el mayor reto de la carrera de Michael Wittmann.

Aunque nuevamente se hallaba saboreando las comodidades de la patria, el cadete a oficial de 28 años no tenía ninguna ilusión sobre cuán duro sería el entrenamiento a oficial –era un hecho que un gran número de los héroes jóvenes de la Leibstandarte , Kurt “Panzer” Meyes. Fritz Witt y Joachim Peiper- habían en alguna parte de su carrera pasado los rigurosos exámenes que él ahora encararía. Sin embargo, Michael se hallaba seguro, no le faltaba experiencia de combate y estaba más que seguro de que sus superiores le habían notado.

Antes de que el entrenamiento comenzara realmente, todos los cadetes debían pasar por más exámenes físicos y mentales y revisar sus récords de entrenamiento y de combate. Después de ésas formalidades, todos los aspirantes a oficial pudieron usar sus nuevos uniformes y artículos de entrenamiento. Aunque el entrenamiento sería intenso y físicamente demandante, las facilidades en Bad Tölz, como en su escuela hermana Braunschweig, ofrecían un gran número de amenidades permitiendo que los reclutas pudieran disfrutar del football, waterpolo, esquiar y cabalgata.

Como muchos otros cadetes, Wittmann encontraría el entrenamiento como el más difícil que había conocido –todas las áreas eran cubiertas y los ejercicios mentales y físicos eran severos, diseñados para llevar a cada cadete al límite de sus habilidades. Además de las actividades atléticas, se pasaba mucho tiempo en marchar contra reloj, entrenamiento de campo y duras caminatas campo traviesa en que se esperaba que cada hombre aguantara; había un programa de mejoras continuas y los tiempos no sólo tenían que ser cumplidos sino mejorados. Había un gran énfasis en la camaradería y la cooperación y los oficiales eran imbuídos con la idea de que aunque eran responsables por las acciones de su equipo, siempre deberían verse como miembros de ése equipo. Éste era un aspecto de la vida en las Waffen SS que hacía la diferencia ya sea con la Wehrmacht ó cualquiera de las fuerzas armadas aliadas –nada creaba más una atmósfera de respeto mutuo en todos los rangos de las Waffen SS, desde los grandes oficiales como “Sepp” Dietrich hasta el más bajo recluta. Uno nunca vería a un oficial de las Waffen SS detrás de un escritorio, siempre querían estar en acción liderando a sus hombres.

El ejercicio sólo era una de las muchas cosas que eran cubiertas en la academia; a cada candidato se le daba preparación en el uso y matenimiento de un gran número de armas. Mientras muchos de los candidatos se familiarizaron con éstas, para Michael Wittmann fue una oportunidad de reafirmar las tácticas y estrategias asociadas a ellas. Aunque mucho de éste entrenamiento, como aquel centrado en técnicas de asalto de infantería, probaría ser mucho más benéfico para quellos cadetes que serían comandantes de infantería, Wittmann aprendió mucho y sabía que tales habilidades serían esenciales si tuviera que abandonar su vehículo.

 El entrenamiento concluyó el 5 de septiembre y entonces Wittmann fue transferido como un candidato a oficial de Panzers (Fähnrich), uniéndose al Batallón de Reemplazo de Panzers de las SS en Wiemar como comandante de pelotón. Después de dos años en el uniforme gris ratón de los cañones de asalto, se hallaba en el familiar uniforme negro de los tipulantes de panzer.

El 21 de diciembre de 1942 dieron fruto los seis meses de duro entrenamiento al ser Wittmann destinado al Batallón Pesado de Entrenamiento y Reemplazo (Pz. Ers-und Ausb. Abt. 500) en Padeborn con el nuevo rango de SS Unterstürmführer. Desde ahí fue enviado a Ploërmel en el norte de Francia, donde fue asignado a entrenarse en una de las más formidables armas del arsenal de Alemania –El Panzerkampfwagen VI ausf H, mejor conocido como el Tiger.

   Los tiempos de Wittmann en Ploërmel, en Bretaña, envolvería mucho más entrenamiento y estudio, ahora en el Tiger, un panzer que ninguno de los oficiales habían visto antes. Muchos fueron abrumados por ésta magnífica pieza de maquinaria y a la mera vista de los entrenados, que antes habían combatido en vehículos mucho más pequeños, con tánta confianza en la pelea que se avecinaba al regresar al frente. Además de su impresionante tamaño y protección blindada, el Tigre estaba armado con un masivo cañón de 88 mm L-56 Kwk 36, un arma de tremendo poder y alcance. Después de estudiar las especificaciones técnicas, Wittmann fue capáz de familiarizarse con el vehículo y, como con el Stug III, pronto comenzó a notar mentalmente sus fortalezas y debilidades. El estudio de Wittmann fue exhaustivo y él sabía que a pesar de sus grandeza, el Tigre, como cualquier vehículo blindado, sólo era tan bueno como aquellos que lo tripulaban. Éste cuidadoso pensamiento le serviría bien y sería fundamental en su éxito posterior.

  

El entrenamiento fue diseñado específicamente para presentar al candidato en las cinco posiciones importantes en el Panzer: el comandante, artillero, cargador, conductor y ametrallador/operador de radio. Cada rol tenía sus propias responsabilidades especiales y un claro conocimiento de cada una era esencial para garantizar el correcto nivel de cooperación entre los cinco tripulantes. Wittman no solamente tenía que familiarse con el rol del comandante, sino que también con el sistema de miras del Kwk de 88 mm, el poderoso motor Maybach, el mecanismo de carga y el sistema de comunicaciones de a bordo. Esto era seguido por una serie de exámenes escritos y ejercicios prácticos, todos los cuales Wittmann pasó sin problema.

Como con el entrenamiento en el Stug III dos años antes, la sigui8ente tarea era organizar una tripulación adecuada. Wittmann fue muy afortunado al ser capáz de formar una tripulación extremadante hábil, el más hábil de todos era su artillero el Rottenführer Balthasar “Bobby” Woll, quien después se convertiría en un comandante de Tigre. Woll, quien se había unido a las Waffen SS en agosto de 1941, salvaría al resto de la tripulación en un sinnúmero de ocasiones con su puntería experta. El hombre en quien Woll dependería, el cargador, era el Rottenführer Karl Berges, un entusiasta soldado que fué excelente en el campo de entrenamiento; y el conductor era el Rottenführer Gustav “Gustl” Kirschmer, un veterano de las campañas anteriores de la Werhmacht y las Waffen SS. La quinta posición, la de operador de radio, era asignada al Rottenführer Herbert Pollmann, quien previamente se había probado como un experto en sistemas de comunicación y la MG-34. Aunque las tripulaciones de Tiger eran rotadas con frecuencia, Wittmann siempre insistió en que Bobby Woll fuera su artillero.


-Balthasar Woll-

Después de recoger sus Tigres desde la fábrica Henschel hasta Kassel, Wittmann y su nueva tripulación comenzaron a familiarizarse con su nuevo vehículo al regresar a Ploërmel. La primera tarea fue la de que Krischmer se familiarizara con los controles, que a pesar de sus habilidades de conducción, nunca antes había conducido un vehículo tan grande; los primeros días del entrenamiento verían a Wittmann y el resto de su tripulación sufrir dolorosas heridas como resultado del continuo ajetreo dentro del tanque. Sin embargo, después de pocos días en el volante, la confianza de Kirschmer al manejar ésta máquina creció exponencialmente. La siguiente etapa sería la práctica de artillería, llevada a cabo con torretas especiales montadas en grandes bloques de concreto llamados Panzerstellungs.

Mientras el artillero y cargador de Wittmann, Woll y Berges, perfeccionaban sus técnicas; el radio/operador Pollmann y el conductor Kirschmen eran entrenados en todos los aspectos competentes al mantenimiento del vehículo y ambos eran capacitados en el rol del otro. Al completar ésta ronda de ejercicios individuales, toda la tripulación comenzó la etapa final del entrenamiento, que comprendía una serie de prácticas en maniobras de campo de batalla. Aquí fue donde Wittmann y su nueva tripulación afinarían sus habilidades: Kirschmer ahora se sentía confiado al volante, Bobby Woll acertaba constantemente sus objetivos de práctica. Para finales de año el entrenamiento había terminado y en la segunda semana del nuevo año se hallarían en camino a Rusia.



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